El Mandil del Aprendiz

Porque desbastar la piedra bruta es el trabajo del aprendiz masón, la vestimenta del mandil es condición fundamental de su entrada al templo.

Hablar del mandil masón es hablar de su simbolismo. El simbolismo que está contenido en sus características, en tanto objeto, y en su función, en tanto artefacto. En términos de su episteme, la palabra MANDIL viene de la voz latina “MANTILE”, la que también se traduce como sinónimo de “MANDIL-LANDIN”, en el primer caso y en términos profanos, se refiere a un trozo de tela impermeable que se sujeta al cuerpo a la altura de la cintura por medio de una Cuerda o Cinta, sirve para proteger las ropas del individuo que lo usa durante los trabajos rudosherramientas sobre rojo; también se refiere al nombre que recibe el trozo de cuero que usan los Soldados de la Banda de Guerra, con el fin de preservar la antepierna del pantalón, de las rozaduras que producen los arillos de los tambores; y en el segundo caso se trata de un pedazo de bayeta que se pone sobre el lomo de los caballos y bajo la silla de montar; pero también en el primer caso, recibe los nombres de DELANTAL y de PECHERA, el delantal es de tela común y corriente, por lo regular lo usan las amas de casa, los cocineros, las niñeras, etc., y la pechera que cubre desde el cuello, es de hule o gamuza, lo usan los pintores, escultores, panaderos, carniceros, herreros, campesinos, etc., con las mismas finalidades de protección a sus prendas de vestir.

Respecto de su simbolismo, la condición original de cuero de cordero nos recuerda el estado de pureza del iniciado, la pregunta ingenua que impulsa la búsqueda del conocimiento esotérico. El cordero es un material más maleable que otros, lo que representa la comodidad de la protección, la libertad en el trabajo de la búsqueda y la protección que otorga el Templo y el Vigilante. El cordero es además el animal del sacrificio en las culturas orientales semitas y egipcias que es el origen más esotérico de nuestras logias, lo que indica el sentido y orientación sacra del trabajo de devastación.

Encierra en sí mismo tres figuras que son el cimiento del universo: el cuadrado, el triángulo y el círculo. Es sabido que el cuadrado representa a la materia, el triángulo al alma y el círculo a la divinidad. Es así como mediante el dominio de la materia por el alma se alcanza la divinidad. Este camino está contenido en la forma del mandil, pero también en su color. El blanco, simbólicamente, es el color de la pureza, de la inocencia y representa una página en blanco sobre la cual la sabiduría puede escribirse, así como también puede escribirse la inconsciencia. Pero el blanco es también la suma de todos los colores, los 7 colores, que en sus distintos niveles de vibración componen la gama cromática completa. Así como los 7 colores, al vibrar en una determinada frecuencia componen la luz blanca, así también, el aprendiz masón debe ser capaz de aunar sus colores, regular su vibración y ser un buen transmisor de luz, un ente iluminador.

Para lograrlo, tiene dos aspiraciones fundamentales: el dominio de la materia y las pasiones, representadas por el cuadrado del mandil o la piedra desbastada y el desarrollo del alma, que es la orientación y dirección de sus trabajos, representado por el triángulo en punta y hacia arriba, simbolizando la aspiración divina. Estos símbolos los encontramos en la escuadra y el compás, que entrecruzados representan la correspondencia entre el cielo y la tierra o la ley de “como es arriba es abajo”. Esto es así, porque lo que ciñe el mandil al cuerpo del masón es la circunferencia, la más perfecta de las figuras, que encierra en sí misma a todas las demás, representando por ello a todo lo existente, ilimitado e incognoscible, cuyas leyes el necesario conocer para acceder a la sabiduría: “quien no sepa geometría que no entre”.

La circunferencia separa al cuerpo en dos: la inferior, que se conecta con la tierra, la materia, pero que por sí misma carece de inteligencia y voluntad, pero que encierra la energía vital. Es así como el mandil se presenta como un elemento simbólico, que encierra un profundo significado, pero también es un elemento protector.

Pero ni el símbolo ni la función son separables, ni uno es más importante que la otra, de cada una, aprenderemos según nuestro grado y nivel de conciencia y a medida que vamos avanzando en nuestro camino exotérico y esotérico, vamos encontrando nuevas aristas a los símbolos iniciales y, si bien esto último es lo que cimienta que el simbolismo y la función del mandil no puedan separarse ni competir en importancia, pocas referencias se encuentran respecto de la función del Mandil Masón.

El simbolismo es propio del mundo esotérico, que significa “dentro, desde dentro, interior, íntimo»; unido al sufijo «–ismo»), que es un término genérico usado para referirse al conjunto de conocimientos, doctrinas, enseñanzas, prácticas, ritos, técnicas o tradiciones de una corriente filosófica o religiosa, que son secretos, incomprensibles o de difícil acceso y que se transmiten únicamente a una minoría selecta denominada iniciados, por lo que no son conocidos por los profanos”. Así, el mandil es entregado al aprendiz quien, a medida que progresa en sus trabajos, logra tener una comprensión mayor de los símbolos que el Mandil encierra y comprende su relación con las leyes fundamentales y la construcción del universo.

Sin embargo, el Mandil es entregado al aprendiz masón desde lo exotérico, es decir “común y accesible, fácil de comprender por cualquiera”.  Se entrega como herramienta de trabajo, en su función protectora, de recubrir las vestiduras y el cuerpo, proteger al masón en sus trabajos, de identificarlo además como hermano y enseñar su grado. Se enseña que el mandil del aprendiz es más amplio en superficie que el de los grados superiores, ya que se es más inexperto en el trabajo y, por ello, deberá proteger más sus vestidos de los residuos del mismo.

Se dice, desde un comienzo que los trabajos del aprendiz masón consisten en desbastar su piedra bruta, dominar sus pasiones, comprender sus impulsos y darles sentido y dirección. El mandil es la primera herramienta que se le entrega al aprendiz, puesto que es necesario protegerse de las repercusiones que su cambio traerá en su entorno y a la vez que señalarlo como un hermano.

Y en el sentido exotérico, todos podemos comprender la lógica de la existencia del Mandil y de sus características, salvo por una: el color blanco. Si es una herramienta de protección de vestimenta, quizás lo lógico es que el mandil fuese de un color que se ensuciara menos, pero se eligió el blanco. Exotéricamente podemos pensar que, en el progreso del aprendiz, la progresiva suciedad del mandil dará cuenta de sus trabajos y permitirá que cualquiera pueda visualizar sus progresos o su dedicación al trabajo.

Somos artesanos, forjamos con dedicación y paciencia la obra que nos convoca. Con amor y dedicación nos consagramos al trabajo que elegimos y para ello contamos con herramientas y métodos particulares.

Los símbolos y su estudio, las leyes, la geometría, la lógica, el arte, las ciencias y la alquimia se encuentran en los libros. Podemos acceder fácilmente al significado esotérico del mandil masón, así como de todos los símbolos masones, pero a pesar de ello, no entendemos. Nadie entiende. No entendemos porque incluso lo esotérico lo conocemos exotéricamente. Entendemos desde nuestra comprensión habitual, hilamos palabras, frases y símbolos, comprendemos el círculo, el triángulo y al cuadrado, comprendemos las relaciones y los demás instrumentos de trabajo. Sin embargo no aprendemos masónicamente. No hemos aprendido vestidos de masones.

Para comprender lo esotérico es necesario aprender que lo exotérico va primero. El aprendizaje se ancla en el cuerpo, somos seres humanos, nuestra estructura es lo que nos da potencialidades y, a la vez, la que limita dichas potencialidades. Por eso nos vestimos, somos masones, nos vestimos como masones para señalar en nuestros cuerpos nuestra calidad y grado de hermanos. El cuadrado, el triángulo y el círculo son un recordatorio constante acerca de cómo debemos aprender y es que desde el cuerpo (cuadrado) y anclados en el mundo material (cuadrado) encontraremos la correspondencia (triángulo) y entenderemos la polaridad (línea recta) entre la materia (cuadrado) y el espíritu (círculo). El mandil blanco va manchándose a medida que comprendemos la relación de las figuras y nuestro lugar en el mundo, dejamos de ser ingenuos y comenzamos a comprender.

Nunca debemos olvidar que los símbolos no actúan solos, los símbolos actúan como intermediarios entre el hombre y los estados elevados de conciencia, pero tampoco debemos olvidar que los masones no actuamos sin nuestros símbolos y que si alguna vez dejamos de considerarlos, visualizarlos, estudiarlos o a nuestros valores y principios fundamentales, entonces hemos dejado de ser masones.

Un masón nunca puede descansar en su mandil. Un masón debe constantemente perfeccionarse en el trabajo exotérico, ampliando su nivel de conciencia y aumentando el grado de vibración, debe ser un mejor conductor de energía, mediante la contante polarización en la pureza del alma y la mente, mantener la blancura de su alma y ser el más humilde. El verdadero masón, jamás deja de servir la mesa de su hermano, jamás deja de ensuciar su mandil.

No importa todo lo que hagamos, lo que leamos, lo que digamos ni escribamos si no vivimos, si no comprendemos que el mandil contiene las leyes fundamentales, si no miramos contemplativamente su humilde función y no vivenciamos su existencia como talismán por no comprender la magia que encierra.

Y cuando decimos magia queremos decir “la que por medios naturales obra efectos  sobrenaturales”, es decir, la comprensión de que todo lo que necesitamos entender está frente a nuestros ojos, pero somos ciegos: no vemos; y sordos porque no escuchamos.

Cada tenida nos vestimos con nuestros paramentos y sólo los vemos como adornos o  atavíos, sin contemplar la magia que contienen, sin visualizar que el universo está contenido en el mandil y que, al igual que nosotros, el tablero mosaico  y todo el templo es, también, un micro-cosmos.

Todo lo que necesitamos saber está ahí, sólo es cuestión de verlo. Por eso, el trabajo del aprendiz masón es desbastar la piedra bruta, para darle forma a la materia… pero preguntamos, ¿cómo sabremos dónde desbastar si no conocemos la forma inicial de la piedra bruta? Es por ello que la pregunta del grado es “¿De dónde vengo?”, es la labor contemplativa, el trazado azaroso, la comprensión y dimensionamiento del trabajo sobre el objeto.

El mandil del masón es la representación misma del masón, es más que un atavío, es más que un símbolo, es más que un conjunto de formas y colores. El mandil masón es el templo, es la ley y es el ser humano, al igual que todos nuestros símbolos. Estudiar uno solo o cada uno de ellos es igual. La ley es una y está contenida en todo porque todo es producto de una misma ley.

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