El Mandil del Compañero: confesiones personales

Al dogmatismo rígido e intransigente, la tradición masónica opone un conjunto de símbolos coordinados lógicamente, de manera de explicarse los unos por otros.” Oswald Wirth, El Ideal Iniciáticomasonic_tools

V:. M:., QQ:.HH:.en sus grados y calidades,

Inicio esta plancha recordando el comentario a la lectura que sobre el mandil del iniciado diera en la última tenida de primer grado nuestro V.:M.:, “el mandil está allí para protegernos de nuestros trabajos de debastamiento de la piedra bruta; pero está allí también, para que hablar honestamente entre nosotros no sea motivo ni causa de zaherir orgullos personales, está para resguardar nuestra fraternidad en medio de un clima de honesta discusión.” En una sociedad sin límites ni fronteras como declara Boudrillard en “La Transparencia del Mal” (Baudrillard, 1990), nada más contingente que un mandil para protegernos precisamente de nuestros trabajos “operativos”, así como de nuestras muy humanas pasiones.

Pero ¿qué interpretaciones pueden realizarse de nuestro simbólico mandil queridos Maestros y Hermanos Compañeros? Desde luego la metáfora del trabajo es tan válida aquí como en el mandil del aprendiz. El hombre y la mujer de trabajo hacen a la iniciación operante un acto valioso, requieren por tanto de su protección. Pero así como el hábito no hace al monje, el mandil no hace al masón. Y en este caso, el masón que usa el mandil de compañero, debe cuidado e inteligencia a sus actos, pulcritud y sencillez a sus trabajos, porque debe demostrar que ya no necesita la crucial protección de la totalidad de la baveta triangular elevada del mandil del Aprendiz. El Compañero carga –de nuevo cito al V.:M.: en su intervención- con más herramientas y el mandil simbólicamente se iguala a la pechera o al delantal del carpintero o al mandil del obrero de la construcción: su solapa queda ahora abajo para dar soporte en el trabajo a sus nuevas herramientas.

Aldo Lavagnini en su “Manual del Compañero Masón”, advierte sobre la presencia simbólica de las herramientas cuando nos advierte: “Fingen así los dos triángulos, respectivamente, la plomada y el nivel que caracterizan los dos grados: la Fuerza que el primero busca en su Palabra Sagrada por medio de su conocimiento de lo real; el establecimiento en la conciencia de dicha Fuerza, presente dentro de su propio corazón, que, con su firmeza, fidelidad y perseverancia, quiere conseguir el segundo.” (Lavagnini)

El mandil del compañero lo acompaña por sus viajes, que parten en su iniciación. Mi  querida hermana y hermano en la columna, recordarán ese día con tanto cariño como yo, cuando incomprensiblemente fuimos echados del templo para iniciar una búsqueda también en el mundo exterior, acompañados de los elementales que más tarde reconoceríamos en nuestras cámaras:  dominar y ser dominados, encontrarnos en fin en la Naturaleza misma del aire, del fuego, del agua y de la tierra. Y allí estuvo nuestro nuevo mandil para protegernos y recordarnos que nuestras herramientas se habían ampliado precisamente para hacer del viaje algo más productivo y provechoso.

El viaje da una nueva significación al mandil del compañero. Oswald Wirth en su “El Libro del Compañero”, señala que éste “viajará ahora con el fin de perfeccionarse en la práctica de su arte; acompañará los procedimientos y se esforzará en trabajar bajo la dirección de los Maestros más experimentados de los diversos países”  (Wirth) El mandil del masón moderno está ahí pues para recordarnos a los Compañeros, que aun hay un gran camino que recorrer, que aun hay muchos Maestros de los que aprender, pero al mismo tiempo que debemos ser cuidadosos de las obras que emprendemos en nuestros viajes. Wirth señala en su manual que si el Compañero está menos cubierto es porque ya no necesita ser defendido de una excesiva impresionabilidad (Wirth).  El mandil así vestido es una invitación a viajar, a aprender y empaparse de nuevos conocimientos.

Me presento ante ti V.: M.: y Querido Hermano Primer Vigilante para dar aviso  en nombre de la bella historia que me precede, de mis viajes futuros, para hacer honor a mi logia y a mi mandil así vestido. Espero viajar como el agua  tal y como indica la posición invertida del triángulo, la figura más perfecta de la geometría, y que antes llevé sobre la línea de mi cintura. Me ciño aquí a la interpretación simbólica que Alfredo Terrones Benítez hace de ambas figuras: “Simbólicamente, el Triángulo representa al Espíritu y a todas las fuerzas espirituales susceptibles de educación y de Progreso. El Cuadrado representa a la Materia y a todas las fuerzas materiales susceptibles de modelación o transformación.” (Terrones Benìtez)

Espero pues convertirme en un triángulo equilátero, como el faldón de mi mandil, para multiplicarme por dos y formar el cuadrado completo, representación de las cuatro entidades que ya antes nombré, de las cuatro estaciones del año  y a los que sumó en esta declaración de intenciones los cuatro puntos cardinales que marcan las direcciones de todo viaje. Declaro mi deseo de viajar buscando mirar hacia el origen, al lugar donde apunta el triángulo invertido de mi faldón; asumo que me gustaría adoptar la sensibilidad de la femineidad que es capaz de mirar panorámicamente, sensiblemente, integradora y holísticamente.

Deseo penetrar en la materia, tal y como me invita mi mandil, alerta de las zonas obscuras que de seguro encontraré. La Escuadra que forma mi Mandil me recordará el valor de la equidad y la razón mientras tenga contacto con otros y otras en mis viajes; me exigirá ser un buen trabajador para hacer honor a mi logia y dar motivo de alegría a mis hermanos y mis hermanas.

Me encuentro motivado a recorrer la esfera completa de la tierra simbólica representada en la correa de mi mandil, no olvidando que ella es una constante reflexión de mis límites y mis obligaciones para con mis hermanos masones repartidos por esa tierra que ahora desconozco, partiendo por mis propios hermanos y hermanas de logia.

René Guenón (Guenòn)manifiesta que la iniciación masónica “conlleva tres fases distintas, consagradas sucesivamente al descubrimiento, a la asimilación y a la propagación de la Luz. Estas fases están representadas por los tres grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, que corresponden a la triple misión de los masones, que consiste en buscar primero, para poseer después y, finalmente, poder difundir la Luz.“  Deseo en los viajes que espero comenzar a realizar, trazar el camino posible entre el descubrimiento y la asimilación, como quien transita entre la tensión que hay entre ocupar y poseer.

Es mi palabra V:.M:.

Santiago, septiembre de 2013 e:.v:.

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