Los Números: Tres y Cinco

Los números y las letras constituyen una fuente simbólica de innegable potencia en la masonería en general. Bebe la masonería en este aspecto, de una vieja y venerable fuente de conocimiento tan antigua como la propia humanidad, pues no hay un solo pueblo que haya caminado sobre la tierra que no haya intentado descifrar tanto en las palabras cuanto más en los números el secreto que a voces entregaban para ellos sus dioses creadores: “¡Nada pudo ser mejor que las imàgenes perfiladas en el cielo por las constelaciones más familiares, para ser grabadas para siempre con nuestro escritura!” (Lavagnini)

Aunque a menudo las pequeñas mentes intenten hacer competir a una fuente y a otra, o empequeñecer a una sobre la otra, o incluso a limitar a una sobre la otra, ya está meridianamente claro que ambas mantienen una estricta relación simbiótica: “nacieron al mismo tiempo y sus destinos han estado siempre estrechamente entrelazados, incluso si la segunda se ha liberado, en gran medida, de las restricciones impuestas por las primeras…” (Serres, 1991) Y esa relación se construyó en los albores de la humanidad, cuando los volúmenes de producción, transacción o simple contabilidad sobrepasaron los alcances y capacidades de la frágil memoria humana. El número, ser irreductible de la matemàtica, nació para resolver los problemas complejos que la realidad imponìa a la mente. Al mismo tiempo, las letras y las palabras escritas, surgieron precisamente para guardar memoria de las primeras transacciones y acuerdos.
 
Sumerios, hititas, arcadios, elamitas y hurritas hicieron uso de las tablillas de greda (cuya duración está probada en los primeros hallazgos arqueológicos de medio oriente) para grabar allì con su escritura cuneiforme (ràpida y pràctica por cierto) las primeras transacciones de las que tengamos memoria como humanidad. Algo más complejo ocurriría después del 3000 a.C con la cultura egipcia, que decide dar soporte a sus sistemas de escritura en piedra y papiros, desde las formas jeroglíficas figurativas hasta llegar al demótico, ideográfico y simbólico. No hay duda que también ellos ocuparon sus soportes escritos para la contabilidad y el càlculo matemàtico.
 
Parece ahora más claro, gracias a los historiadores de la ciencia, que hay dos principios relevantes sobre el uso de los números y las matemàticas en los principios de las civilizaciones:
 
Primero, los razonamientos matemàticos, asì como el uso de determinadas formas de resolver determinados problemas universales, son inseparables del nicho histórico-cultural en el que se desarrollan, independientemente de si sus resultados son similares o incluso los mismos comparativamente hablando para un mismo horizonte cultural. 
Segundo, tanto los razonamientos matemàticos como los sistemas de càlculos y principios lògicos, no existieron sòlo para resolver problemas pràcticos en el mundo antiguo.(Serres, 1991)
 
Por supuesto que el gran giro epistemológico vendría más tarde desde Grecia. Los puertos del Mediterráneo que conectaban a las ciudades de la inexistente Europa con el vasto mundo oriental, conectado por príncipes comerciantes de Creta o de algún empresario cartaginés, hervían de actividad comercial y cultural mucho antes de las invasiones indoeuropeas a la península balcànica. Viajeros curiosos al estilo del futuro Pitágoras eran frecuentemente transportados junto a la carga. Ningún idioma común, ni pensar en el griego que en realidad no existía ni existirá en el siglo VIII a.C como un idioma comùn, podía unificar un sentido comunicativo. Ninguno excepto el número. Así que la matemática se convirtió en un idioma en el que Dorios, Hititas, Egipcios, Fenicios, Jonios y Hebreos podían comunicarse.
 
Paradojicamente sin embargo, en la misma medida en que aumentaban las comunicaciones del siglo VIII a.C, habrían de aumentar las distancias. El origen del pensamiento griego carente de género al nombrar las cosas, dio origen a la separación casi natural entre el “Mito” y el “Logos”, que “por su parte, significa a la vez palabra y pensamiento y, de un modo más primario, reunión, selección; de modo que “logos” es la palabra en cuanto expresa un significado en la articulación del lenguaje y a través de esa articulación misma mientras que el mito hace presente en su palabra aquello que no puede estar plenamente a la luz del día (o a la luz selectiva del logos). (Casali 1998) En la mejor lectura masònica que he leído del concepto de Logos, Aldo Lavagnini manifiesta: “…todas las palabras son secretas y sagradas, pues, ademásde su significado ordinario, vulgar y exterior, tienen inherente en sí mismas, en un estado latente, notros sentidos o valores espiritualesy vitales, que tiene que descubrirse iniciándose en su comprensión…” (Lavagnini, 2008). Apreciar por tanto el sentido del verbo, es y ha sido siempre la tarea de quienes abrazaron desde este momento al Logos como fuente de concimiento y comprensión.
 
La matemàtica y el número se vistieron de pantalones largos y vieron nacer el milagro de los espacios tridimensionales y abstractos de la geometría. El hombre comenzó a mirar el logos ya no sólo como el verbo y la matemática sino también en las relaciones simbólicas y abstractas. La abstracción alcanzó un grado superior.
 
Pero abstracción y simbolismo siguieron caminando juntos para recordarnos que una escencia estaba tras cada símbolo. Así lo entendieron los griegos de quienes los masones tanto hablamos cuando nos referimos a la escuela Pitagórica, sólo para ejemplificar mi argumento. De allì que nuestra tradición sea una tradición basada en la simbología que practicamos, una en la que “el Simbolismo  es lo que da realidad al lazo que nos une” (Enciclopedia Lumen Volúmen V, 1972) Y así los números y las letras, siguieron el curso de la historia para recordarnos su hermosa polisemia simbólica.
 
Y dado que nuestro rito es de origen oriental (Ragón, 1957) entonces es posible concluir que las tradiciones hermeticas que se fueron legando a través del Mediterráneo como camino de difusión encontraron pronto un lugar de encuentro ubicado Alejandría en el siglo III (Wirth, 2005). Allí “se produce una verdadera síntesis de este conocimiento:allí confluyen de manera asombrosa, ideas y personajes provenientes de diversos tiempos y lugares; allí conviven los primeros cristianos con los gnósticos, los pensadores griegos neoplatónicos, mezclándose a su vez con la tradición judía,caldea, etc., y hasta con el hinduismo, el budismo y el taoísmo chino. Esta afortunada confluencia hace posible que se conforme una verdadera doctrina sintética que se expandirá en diversas direcciones.” (Trejos) Allí es que se termina de recoger la idea hermètica acerca del número no sólo como un objeto simbólico de la pràctica comùn, es decir como símbolo único y agotado en su representación de la materia, sino como un medio para el conocimiento de más altas verdades.
 
Veamos qué nos dicen los dos números que me parece nos acompañan todo el tiempo en el templo. Una última apreciación en la que podemos disentir: no parece que la lectura hermética deba considerar a los números como un todo acabado, sellado y aíslado, en tanto que no veremos a los números como representaciones de los concreto. El número tres, mira en este sentido hacia el dos, pero también hacia el cuatro y lo mismo ocurre con el cinco. En la lectura hermética, los números completan su potencia en el predecesor y se inician verdaderamente en su antecesor.
 
El Tres: 
“…el dos engendra el tres. El Tres engendra todos los seres”. (Lao Tse, Tao Te King, XLII).
 
Todo en el grado de aprendiz es visto desde el tres. Realizamos tres viajes para representar nuestro encuentro con el agua, el fuego y el aire; bebimos tres pociones de tres copas; se nos develaron las tres luces que iluminan nuestro templo; la batería de júbilo entona los tres principios de la Revolución francesa. El tres, trae al aprendiz su más umbilical unión con Dios: la Trinidad. Crea el Masón Libre o no, nace, vive y crece en el seno de una cultura cristiana que desde el Concilio de Nicea (325d.C en Asia Menor) declara como parte de su ortodoxia la creencia en un Dios único y Trinitario. Ella es por tanto la primera vez que estamos frente al peso simbólico del número tres. La doctrina católica recoge en ello una gran influencia oriental respecto a la importancia del número: “todo lo engendra”.
 
Tres son las figuras básicas para todo maestro constructor: triángulo, cuadrado y circulo, imitando al mundo celestial, con esas tres figuras originales, nuestros antepasados constructores, crearon sofisticadas formas. “Para el Masón Operativo la finalidad es por consiguiente, a través del trazado (el compás) y por el trabajo (la escuadra), la unión perfecta entre lo celestial y lo terrenal, entre lo humano y lo divino, entre la materia manifestada y el espìritu y en su justa medida (la regla)”  (Musquera, 2009)
 
El Triángulo es creado desde el número tres, figura indestructible que da forma a las serchas de cada casa que sostienen ni más ni menos que el cielo; si buscas el número tres en el triángulo, hayarás que dependiendo de si usas el mandil de aprendiz o el de compañero, sus significados varían conforme a la pregunta que buscas responder (Wirth, Lavagnini, ) Por otro lado, en otra de las fuentes esotèricas de las que la masonería bebe, la Alquimia, tres son los elementos fundantes de la materia: Azufre (Espìritu), Sal (Tierra, terreno, materia) y Mercurio (Mente, consciente e inconsciente). Con ellos, desde ellos, el alquimista busca el perfeccionamiento, la cura, la piedra interna que rectificando ha de hayar.
 
En los extraordinarios y complejos conocimientos de la Kábala, “los tres primeros Sephirot, “Corona”, “Sabiduría” e “Inteligencia” tienen que ser considerados una y la misma realidad (son idénticos por fusión esencial y sin confusión jerárquica)”. (Trejos). Biblicamente, tres fueron los días que el profeta Jonás estuvo en el vientre de la ballena; tres fueron los clavos de Cristo, ; tres fueron los Reyes Magos y tres sus regalos; tres las negaciones de Pedro a Jesùs; tres fueron las preguntas de Cristo a Pedro camino a Roma; tres son las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; tres miembros constituían la sagrada Familia; Tres fueron los días que Jesús permaneció sepultado antes de su Resurrección.
 
La perspectiva numerológica puede ser muy útil cuando el sentido del símbolo se esconde a los ojos de iniciados com el que escribe. En esta ciencia descriptiva y explicativa de la potencia del número, el tres es la explosiòn, el proceso creador, fruto de la unión de los opuestos (Hermes); el puente entre los principios enfrentados. Es al mismo tiempo armonía y equilibrio.En esa misma perspectiva binaria que exige el hermetismo, el tres es el primer principio activo hacia la vida y hacia la muerte, la construcción y la destrucción. En esta perspectiva, la vida puede verse como el transito permanente entre los opuestos, en ese movimiento hacia uno de los opuestos, se genera una fuerza  compensatoria que confiere el equilibrio. Eliphas Levi señala que en hebreo, el tres es la letra Ghimel y representa el Triángulo de Salomón que “supone un principio inteligente, un principio parlante y un principio hablado…es el fin y la expresión suprema del amor pues no se busca a dos sino para convertirse en tres…” (Lévi)
 
Si tienes tres años, la razón de tu número es la germinación; tu tarea es seducir a la primavera del descubrimiento, del nacimiento. Tu tarea es encontrar en tu interior, hombre o mujer a la partera de tu nacimiento. 
 
El Cinco:
““Todo fluye y refluye, todo asciende y desciennde; la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que la de la oscilación a la izquierda; el ritmo es la compensación” Kybalión.
 
Todos hicimos o haremos cinco viajes iniciáticos para convertirnos en viajeros (Wirth (2), Lavagnini (3)) El cinco, igual que el tres, mira hacia su antecesor el cuatro, que representa el material cúbico, las cuatro estaciones. El cuatro representa a la materia, mientras que el cinco es la evolución y la superación de la naturaleza: “el que triunfa en ese momento es el principio humano: el hombre propiamente dicho, que se sobrepone al animal. El cinco se impone al Cuatro, la Quintaesencia ha prevalecido sobre el cuaternario de los Elementos.” (Lavagnini 2) De los cinco viajes, el quinto encierra el más notable misterio porque “encierra una profunda doctrina, íntimamente relacionada con el número cinco que hace este viaje particularmente peculiar en el grado de Compañero.”  (Magíster, 1946) porque se hace sin herramientas, ninguna de las herramientas lo acmpañará en este viaje, lo que significa que deberá desafiarse en una de las  más interesante busquedas, el sentido de la letra G, habiendo demostrado un grado de conocimiento y pericia para el desarrollo de sus nuevas facultades.  Pero el quinto viaje supone también un principio que ha quedado en evidencia de inmediato: el aspirante viaja ahora en el sentido contrario al que lo hiciera en los cuatro viajes presedentes: se trata de una “retrgradación” que lo invita a mirar el camino recorrido hasta ahora. La retrogradación representa también simbólicamente al cinco como un número que nos habla de la caída del ser humano: el hombre ha caído presa de los sentidos y su elevación sólo se completará con su renacimiento. En este sentido no debemos olvidar que el número cinco representa también al solsticio de verano boreal.
 
El cinco es también un número transiciones que viaja desde el tres: “éste, que de por sí indica unprogreso, sirve para recordarnos que la duración de los estudios precedentes a lamanifestación era de cinco años entre los antiguos. Pitágoras sometía, también, asus discípulos durante cinco años al silencio y al estudio.” (Ragón, 1957)
 
Cinco son los sentidos del hombre, pero si la oscilación se manifiesta en todas las cosas como lo advierte el quinto principio del Kybalión, entonces al mismo tiempo debemos ampliar la conciencia más allá de los puros sentidos. Y si de ampliar nuestros sentidos, es imposible no hacer una referencia al pentalfa cuando hablamos del número cinco. La Estrella de cinco puntas, representando su potencia simbólica.
 
Finalmente, el númeroo cinco es en el alfabeto hebreo la letra He, y representa en palabras de Eliphas Lévi el “Microcosmos”,  el dominio del espìritu sobre los elementos. (Lévi)
 
Termino recordandome que la simbología numérica se encuentra muy profundamente vinculada con dos conocimientos maravillosos: la gemetría y la astrología antigua, madre de la astronomía moderna, pero esa asociación, requiere más estudio y más tiempo.
 
Santiago, noviembre de 2013
 
 
 
Casali, Carlos Mito y Logos Madrid 1998
Enciclopedia Lumen Vol. V El Arte Real Colección Privada 1972
Lavagnini, Aldo El acertijo del Alfabeto, Universitas Biosofica, México, D.F.
Lavagnini, Aldo El Secreto Masónico, Bibioteca UPASIKA 2008
Lavagniini (3), Aldo Manual del Compañero
Lévi, Eliphas El Libro de los Esplendores Biblioteca USPASIKA
Magister, Manual del Compañero Editorial Kier, Buenos Aires 1946
Musquera, Xavier Ocultismo Medieval, los secretos de los maestros constructores. Editorial Nawtilus, Madrid 2009
Ragón, J.M. Curso filosófico de las iniciaciones antiguas y modernas Editorial GLEM Buenos Aires, 1957
Serres, Michel Historia de las Ciencias, Ediciones Càtedra 1991 Madrid
Trejos, Fernando La Tradición Hermètica
Wirth, Oswald Manual del Aprendiz
Wirth(2), Oswald El Libro del Compañero 
Wirth, Oswald Teoría y Sïmbolos de la Filosofía Hermética Traducción 2005
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