HIRAM ABIF en primer grado

Todas las figuras humanas que recordamos del pasado están siempre revestidas de un sentido moral para nuestras vidas, que actualizamos a través del recuerdo de sus actos o hechos de su vida. Sus figuras trascienden el tiempo y la diversidad de horizontes culturales y están siempre presentes en nuestras vidas como un ejemplo de valor que deseamos representar en nuestras propias biografías.

Para nosotros, Hiram Abif es una de esas figuras. Su ejemplo narrado a través de una leyenda que se rastrea hasta 1720 en Inglaterra, lugar desde dónde llega hasta nosotros, nos recuerda precisamente los valores sobre los que debemos construir nuestra vida masónica. Su historia construida en la Biblia, nos habla de sus trabajos.

Hiram Abif aparece en el libro de Reyes de la Biblia a propósito de la construcción del Gran Templo de Salomón. He aquí la prueba de su figura histórica. Salomón, hijo de David, hereda de su padre la misión de construir el Templo para Dios. A diferencia de su padre, la Biblia señala que Salomón recibió la bendición divina pues sus manos no estaban ensangrentadas. Vuelve Hiram Abif a aparecer en el segundo libro de crónicas donde se ensalzan sus atributos como buen constructor.

Para esa fecha,  alrededor del año 960 a.C., Salomón parece haber sido un monarca reconocido en oriente e Israel un pueblo de comerciantes que mantenía amplias redes de comercio por todo oriente. Los historiadores nos permiten reconstruir la imagen de un mundo lleno de intercambios y desarrollo tanto en oriente como en todas las costas del Mediterráneo, así que no es difícil entender el tamaño de su figura y la intrínseca red de relaciones que mantenía.

Fue así que al momento de decidir la construcción del Templo, muchas naciones tomaran noticia de su decisión. Tiro, ciudad fenicia del Norte de África, era gobernado en aquella época por Hiram, quien en señal de amistad envió a Salomón todo tipo de materiales y un verdadero ejército de artesanos y constructores pues Tiro se caracterizaba por la habilidad de sus hombres.

Entre ellos Hiram envió a su más hábil constructor, HIRAM ABIF, quien era hijo de padre tirio y madre judía de la tribu de Neftalí. A él le entregó Salomón la tarea de construir el Templo conforme a las medidas y características que le fueran confiadas porque sabía de su habilidad y de su honestidad.

La Biblia le confiere a él la responsabilidad de la factura de toda la obra del Templo incluido el lugar santo donde se alojaría el arca sagrada de la unión. Al parecer, Hiram organizó la obra y trabajó con los grados incluyendo el rito del pago de sus salarios en sus respectivas columnas y compartió con cada uno de los grados los secretos constructivos y metafísicos conforme a la formación de cada hombre en su grado respectivo.

Puede concluirse perfectamente de la lectura de Reyes, que Hiram debió haber sido un hombre admirado por Salomón, quien era ya conocido por su pueblo por ser justo y sabio. Seguramente el Rey vio en Hiram los valores más altos de la rectitud, la honradez, la fraternidad  y el amor por el trabajo bien hecho.

Desde aquí y en adelante, Hiram comienza a poblar el mito masónico. Su mención aparece por primera vez en el Manuscrito de Cooke, el rastro más antiguo de un texto masónico del que tengamos memoria y que fue escrito cerca de 1420. Allí, Hiram Abif es mencionado como hijo del rey de Tiro. Más tarde, Hiram Abif vuelve a aparecer en las Constituciones de Anderson, la formalización más antigua y reconocida para los francmasones del mundo, en 1723 en Inglaterra.

En la leyenda masónica, Hiram fue asesinado por tres compañeros casi al terminar su obra pues deseaban que este les entregara sus secretos.

Una vez más, la Obra que juntos construimos, nos entrega un símbolo vivo de la historia, para recordarnos la validez de la fuerza y la voluntad que deben acompañar a nuestros principios; el valor inmenso de la sabiduría como tarea de construcción a la vez individual y colectiva; el sentido del servicio a y con los demás y; el apego a la discreción de nuestra obra.

Hiram Abif tiene una existencia histórica y una interpretación simbólica que abunda en imágenes que pedagógicamente nos ayudan a iluminar el largo camino de construir tumbas a nuestros vicios y catedrales a nuestras virtudes.

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