¿Por qué usamos símbolos en Masonería?

Hemos utilizado reiteradamente a través de las planchas y trazados que aquí se publican, la idea de que en la masonería especulativa, existe un lenguaje de símbolos cuya traducción o lectura profunda, tocan al iniciado como un elemento central de su trabajo de perfeccionamiento moral. Lo hemos hecho suponiendo que a cada paso, el uso de la categoría “símbolo” era meridianamente claro a los ojos del lector.

Sin embargo, se impone ahora y desde aquí, una aclaración más pedagógica de lo que podemos entender como “símbolo”. Se precisa incluso, una ubicación de la palabra “símbolo”  en el universo lingüístico masónico.  Así que iniciemos este trabajo con las formas más académicas de su significado.

¿Qué significa la palabra  ”símbolo”?

La palabra Símbolo, es una “representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.” Una segunda acepción de la palabra es “tipo de abreviación de carácter científico o técnico, constituida por signos no alfabetizables o por letras, y que difiere de la abreviatura en carecer de punto” (1) En la primera acepción de la palabra, el símbolo de la calavera con huesos cruzados suele emplearse en el envoltorio de sustancias venenosas o dañinas para la salud, como pesticidas o veneno para plagas; en la segunda acepción, “Ag” es el símbolo de la Plata, así como “ºC” es el símbolo que representa la medición Celsius de la temperatura atmosférica.

En ambos casos, la palabra “símbolo” es una representación externa y ajena incluso a la naturaleza de lo que representa. Su sentido sin embargo, permite que cualquier individuo que comparte los códigos básicos de una comunidad, pueda comprender su significado incluso abstraído del contexto donde usualmente se encuentran, aunque para ello deba recurrir a procesos que a veces puedan no ser incluso racionales. Desde luego, la simbología científica que ocupamos como ejemplo en el párrafo anterior, representa pero no “es” en sí el elemento químico. Sin embargo todos podemos entender relativamente que “representa” simbólicamente un elemento de la naturaleza que llamamos puerilmente “plata”.

En el caso de la calavera es más complejo, porque hace alusión a un sentimiento de temor arraigado en el inconsciente para prevenirnos acerca del peligro. De igual manera, existe una representación externa que se asocia en este caso con una percepción irracional, que necesita un segundo para tornarse racional y comprender su significado incluso si estuviera fuera de su contexto natural. Por ejemplo, ninguno de nosotros bebería agua de un pozo, por transparente e inodora que pareciera si un cartel con una calavera se hallara a su lado.

Desde luego un símbolo requiere un ejercicio intelectual –aun cuando sea gatillado previamente por una reacción emocional- para su comprensión, y su origen está en nuestra incapacidad de representar al mundo en su totalidad, incluido el mundo de las ideas. Dado ello, representamos una parcialidad con fines educativos, o informativos, o incluso moralizantes. Es por ello precisamente que los símbolos son tan complejos, porque intentan representar la realidad en su complejidad y profundidad, muchas veces con fines pedagógicos y de transmisión de un conocimiento difícil de representar. En eso, los símbolos se diferencian muy claramente de los signos, que son íconos gráficos o incluso auditivos, marcas que buscan representar de modo directo una orden o una idea simple.

Su diferencia  con el símbolo es que no requiere de una lectura muy compleja, incluso un animal como el perro puede comprender la mayoría de los símbolos con que su amo lo ha educado. Desde luego que la relación es bastante más compleja, por ejemplo un signo en el tránsito como la luz roja, es categórico, no requiere  más que una conducta casi mecánica, sin embargo el color rojo simboliza en nosotros el peligro, la atención, la pasión, el color de la sangre. Existen signos comerciales que intentan con cierto éxito convertirse en símbolos de valores socialmente deseables. Por ejemplo ciertas marcas de auto son representaciones de status, de fortuna, de éxito.

En suma, un símbolo es una representación que se entiende en el contexto cultural en el que se ha producido (2) y que encierra diversos significados cuya lectura requiere de una interpretación que suele arrancar de un esfuerzo racional pero que puede incluso contener elementos no racionales como emociones, imaginación, temores, etc. Un lenguaje simbólico, como el de nuestra Orden, sería por extensión un “lenguaje que ocupa símbolos para explicar alguna cosa”. (3)

¿A quién le hablan los símbolos?

Parece claro que si un símbolo es una representación de algo externo, entonces el símbolo une al significado con el significante mediante un ícono, una figura o una imagen incluso metafórica o literaria. Aquí ocuparemos una tercera acepción de la palabra símbolo: iremos en la búsqueda de su significado etimológico y su relación con el inconsciente.

La palabra símbolo proviene del griego “sumballo” que significa unir o juntar. Un símbolo une. Y cuando el símbolo posee una potencia especial, deja de hablarle a la razón o a la mente consciente de quien intenta descifrarlo. Un símbolo le habla en primer lugar a su inconsciente, pero para entenderlo, el o la interpelada, debe saber escuchar, debe aprender a diferenciar aquello que el símbolo manifiesta en su parte visible y accesible al profano (lo exotérico) de aquello que va más allá de las apariencias y que permite entrar en contacto con el inconsciente (4) que permitirá el contacto con las fuerzas que mueven al mundo (el ámbito sagrado de lo esotérico). En este sentido, el símbolo es –siempre- “no descriptivo” para dar oportunidad al inconsciente de ser interpelado por el símbolo.

El sujeto que se enfrenta al símbolo es llevado siempre más allá de su consciente, es obligado a articular herramientas de su inconsciente para poder descifrar el significado no evidente del símbolo. La imaginación, la intuición, la memoria, el instinto, incluso hasta recuerdos o experiencias sublimadas o escondidas son llamadas ahora a la tarea de dar significado al símbolo, porque la razón consciente ya no es suficiente.

El símbolo apela pues al inconsciente para que se reintegre lo visible a lo invisible, apela en cierto sentido a una perspectiva ingenua de quien lo observa y lo comprende. El símbolo en tanto representación del mundo y explicación del mismo, une con un lazo invisible a quienes entienden su significado incluso a quienes están en camino de comprenderlo. Piense por un segundo en los símbolos del scoutismo, intente recordar la forma en que el símbolo llama a la mística, a la aventura, a la obediencia, a la fraternidad. En nada se diferencia de otras hermandades o asociaciones laicas o religiosas en las que la pertenencia y la comprensión del mundo particular están reservadas en los símbolos.

La humanidad habló probablemente antes que en el lenguaje hablado en un lenguaje simbólico y es posible observar en los tótems neolíticos parte de ese lenguaje. El punto es que antes, como ahora, el símbolo habla en un contexto sobre comprensiones extensivas del mundo que no son comunicables sino a través del inconsciente de cada individuo.

El Simbolismo masónico

Señala Christian Jacq que “entre la masonería antigua y la masonería moderna existe un punto común fundamental: el símbolo. Las dos instituciones siguieron vías distintas, opuestas a veces, basaron sus reclutamientos en criterios muy variados, pero preservaron la sustancia simbólica de la Orden y su contenido iniciático”. (5) Es pues a través de la iniciación que el profano  se abre al mundo simbólico de la masonería.

Usamos símbolos, como representaciones externas de algo, porque consideramos que el lenguaje no es suficientemente abarcativo de lo que se desea expresar. Esos símbolos guardan expresiones suficientemente complejas como para sobrepasar la descripción escrita. Aún más, esos símbolos “no constituyen una invención de la mente sino una manifestación (revelación) del espíritu al alma… el Símbolo, o como se lo quiera llamar, vibró primero, y el universo se formó después según esa imagen.” (6) Usamos símbolos porque ellos representan el abecedario de cualquier iniciado y su tarea es abrirse tras la búsqueda de sus significados en los Grados correspondientes.

Pero usamos símbolos además porque corresponden a una rica herencia histórica. “En otras palabras, que nuestro Instructivo nos hace ver claramente, desde el inicio mismo, que una de nuestras principales obligaciones como masones, quizá la más importante, es la de dedicarnos al estudio, la comprensión y la explicación del oculto significado de los símbolos que nos rodean, heredados desde la más remota Antigüedad.” (7) La mayor herencia de nuestros antepasados operativos es precisamente esa forma simbólica de entender el Universo desde el Templo como representación simbólica. La verdadera naturaleza del simbolismo masónico que hemos heredado de los constructores de catedrales es que cada uno de ellos guarda un significado que me está permitido rebelar a cualquier iniciado no por la preservación única del secreto sino porque fuera del universo masónico, el símbolo pierde su significado. A esos símbolos heredados por la masonería operativa se les ha dado una lectura ejemplificante y moralizante para la formación del iniciado.

Usamos símbolos porque en su naturaleza interpretativa, el símbolo es progresivo, no se agota el símbolo con una lectura de su significado, y en ese sentido, el símbolo permite una pedagogía progresiva para todos los iniciados.

Usamos símbolos para construir un Universo lingüístico propio, moralizante y pedagógico que ordena transversalmente todos los trabajos del iniciado. Usamos símbolos porque “el mundo entero está fundado en el misterio, y se necesita discreción cuando se trata de asuntos terrestres, cuando más reservados debemos ser cuando se trata de dogmas secretos que Dios no revela ni a los más elevados de sus ángeles?” (8).

Notas

  1. Real Diccionario de la Lengua Española
  2. Diccionario Akal de Psicología, Doron y Parot, 2008
  3. Diccionario Enciclopédico de la Masonería, Frau Abrines
  4. Ocultismo Medieval, Xavier Musquera, 2009
  5. La Masonería, historia e iniciación, Christian Jacq, Ed. Mr, 2004
  6. Arte Real, Enciclopedia Lumen
  7. Cosmogonía Masónica: Símbolo, Rito, Iniciación “Siete Masones, Ed. Kier, 2003
  8. El Libro de los Esplendores, Eliphas Levi
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