Historia de los planetas y su simbología mística

La Castración de Urano por SAturno Vasari y Gherardi (1560)

La Castración de Urano por Saturno Vasari y Gherardi (1560)

En 1960, Stonehenge dejó de ser un simple calendario para demarcar solsticios y equinoccios que identificarían las etapas agrícolas de siembra y cosecha, cuando Gerald Hawkins construyó un modelo computacional a partir de la posición completa de las piedra, superponiendo a los “agujeros de Aubrey” que en un total de 56 rodeaban al sistema lítico  y que habían sido descubiertos en el siglo XVII por el anticuario John Aubrey. Hawkins explicó que los postes o “agujeros Aubrey” completaban un complejo astronómico que superpuesto con el sistema lítico de Stonehenge servía para “la predicción de acontecimientos astronómicos como la ocurrencia de eclipses o el momento exacto de la reaparición de la luna nueva…así también como para la predicción de un ciclo completo de la Luna en veintiocho días.” (Corfield, 2009)

Hawkins había creado a partir de sus estudios la primera forma de una “astropaleontología”, que debido a la calificación de Stonehenge como una compleja calculadora astronómica construida desde el 3.100 a.C., provocó una verdadera revolución en la ciencia paleontológica. Más tarde, las pirámides de Gizé construidas en Egipto desde el 2.570 durante el Imperio Antiguo cayeron bajo el mismo influjo demostrándonos no sólo la ciencia constructiva de oriente sino además las alineaciones astronómicas tan exactamente calculadas como el misterioso Stonehenge. En la misma lógica cayeron más tarde los zigurats babilónicos de Sumer y de Ur, verdaderos observatorios astronómicos de los sacerdotes-magos reconstruidos en la década de los ’70 pero cuya antigüedad data de 4.000 años antes de Cristo.

stonehenge

El Sistema Solar en el que se encuentra nuestro planeta posee una antigüedad de 4.500 millones de años aproximadamente y Stonehenge, así como la construcción de las pirámides Egipcias y Americanas así como los Zigurats de Babilonia, son la prueba más antigua de la preocupación  científica y matemática que nuestros ancestros pudieran heredarnos. Inicialmente, los astros de principal preocupación fueron aquellos que no sólo eran más visibles sino además marcaban la mayor relación con la vida de los hombres: el Sol y la Luna. Más tarde se fueron sumando los primeros planetas descubiertos desde una antigüedad mayor a la que supone el vulgo.

Desde oriente, los conocimientos astronómicos y matemáticos llegaron a occidente tras las conquistas alejandrinas. Por ejemplo, la actual división de las horas en 60 minutos y los minutos en 60 segundos, llega a nosotros desde la babilonia conquistada por Alejandro (Martínez, V. Miralles, J. Enríquez, D., 2007), quien lo lleva a occidente en el 231 a.C. Otros famosos hombres griegos ya habían visitado largamente oriente e importado los viejos secretos: nuestras tradiciones masónicas reconocen el vínculo ejemplar de Pitágoras, los iniciáticos viajes de Platón y hasta los descriptivos viajes de Heródoto. Desde allí y hasta nuestros días, el conocimiento antiguo viajó a lo largo de la historia humana, redescubriéndose, ignorándose y hasta sometiéndolo a la adjetivación de oscurantismo o magia irracional.

¿Cuál es la historia y simbología que nuestros antepasados dieron a los primeros planetas?

La Astrología, entendida como la “interpretación y predicción de acontecimientos que suceden en la Tierra, así como del carácter y las aptitudes de los hombres, a partir de la medición y el trazo de los movimientos y las posiciones relativas de los cuerpos celestes, estrellas y planetas, incluyendo entre estos últimos al Sol y la Luna” (Tester, 1990) [i]fue la primera forma en que el ser humano se aproximó al estudio astronómico de la esfera celeste. Lo que ocurría en la Tierra, estaba determinado de alguna forma misterios por los acontecimientos ocurridos sobre ella. Algunos científicos y escritores modernos, consideran que eso no fue posible sino hasta la aparición de una astronomía matemática fechada por ellos no antes del año 700 a.C. Para ellos, la astronomía más antigua o “astropaleontología” como la denominara Hawkins, estaba vinculada con un esfuerzo más descriptivo que analítico y más astrológico – mágico que científico. Para los masones, esos esfuerzos representan mucho más que una pura superchería, o la descripción mitológica de una historia antigua. Los últimos descubrimientos en Stonhenge, los cálculos matemáticos que fueron necesarios para construir las pirámides de Gizé y las figuras serpenteantes de las pirámides mesoamericanas, son una demostración de una ciencia diferente, que no está separada de la vida habitual del hombre antiguo, que no se construyó enajenada de la vida humana.

En ese contexto único en que las explicaciones científicas sobre el mundo no estaban divorciadas de la vida, cinco planetas podían ser vistos sin instrumentos de ningún tipo. Cinco planetas, que al igual que la tierra, giraban alrededor del Sol describiendo una órbita elíptica de tamaño diverso dependiendo de qué tan cerca del Astro se encontraran. Se trataba de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. No es claro para los astropelontólogos cuándo fueron diferenciados los planetas de las estrellas, pero aparecen en algunos textos egipcios la palabra movimiento asociado a sus nombres originales lo que podría sugerir una primera diferencia respecto de las estrellas. “Los planetas, tal y como los conocemos actualmente, se originaron como diosas y dioses de Sumeria y Babilonia. Equiparados con su contrapartida  griega y habiéndoles asignado nombres griegos y latinos, han permanecido junto a nosotros desde entonces” (Guttan, A. Johnson, K, 2004)

a.       Mercurio.

El primero y más pequeño de los planetas internos del sistema solar, es al mismo tiempo el más rápido de sus hermanos pues su movimiento de traslación recorre su elíptica en sólo 88 días. Por estar entre la tierra y el sol, es más brillante en el cielo que el resto de los planetas externos.

Las primeras menciones a Mercurio aparecen en el segundo milenio antes de Cristo en escritos babilónicos bajo el nombre de Nabu, en sumerio antiguo “el que anuncia”. Nabu es el nombre del Dios babilónico de la sabiduría. Los griegos tornaron a Nabu en Hermes a quien dieron semejantes atributos. Hermes se transformó en Grecia en el mensajero de los dioses y el dios consagrado a los viajes y al comercio.

En el antiguo Egipto, Mercurio aparece asociado a Seth, asesino de Osiris, y por tanto representado como un Dios a veces independiente de Osiris y a veces asociado a Osiris, cuya representación es la maldad, cuando es identificado en el atardecer. Cuando Mercurio es identificado como una estrella de aparecimiento temprano en el firmamento, los egipcios lo asocian con un Dios bondadoso. (Llul, 2006)

Con la aparición de la Alquimia moderna, Mercurio fue asociado al número dos para atender al principio binario de acumulación pasiva y activa, para representar el balance de los opuestos. En otros escritos en este sitio, hemos descrito el rol del mineral no metálico en el atanor alquímico.

b.      Venus.

Es el segundo planeta interno y su traslado alrededor del sol toma 225 días terrestres y se le conoce como “la estrella del amanecer”. Junto con Mercurio, completa el conjunto de planetas interiores y justamente por ello es un cuerpo celeste que refuljura con mayor intensidad en el cielo visto desde nuestro planeta.

Los textos babilónicos más antiguos que hace referencia a sus dioses, datan de 2 mil años antes de Cristo aunque se estima que ellos son recopilaciones orales aún más antiguas. En ellos, aparece por primera vez referencia a Inanna, diosa representada en Venus, quien se une en un matrimonio hierogámico[ii] con  Dumuzi, rey de babilonia. En los textos sumerios, Inanna es comparada con una antorcha que ilumina como el día el cielo nocturno cuyo matrimonio es consagrado a la abundancia agrícola. Inanna, representación de Venus, es citado en los textos viviendo cerca del anciano dios sol haciendo con ello una explícita referencia al lugar que ocupa con frecuencia el plante a en la bóveda celeste. Una última asociación de los textos sumerios permite asociar su presencia con la diosa Ishtar de los pueblos semíticos de Mesopotamia. (Cochrane, 2000)

En el horizonte Mesopotámico, Venus, el planeta más brillante que aparece entre los montes como si fuera una estrella, es representado como una diosa femenina de la abundancia, la fertilidad, la vida y la guerra.

Venus será representada más tarde como Afrodita en el mundo griego, representación de la belleza, la sexualidad y la femineidad. Venus también se relaciona con la diosa etrusca Turán, diosa del amor y la vitalidad…Usualmente se describía a Turán como una muchacha joven y alada en las obras de arte. Las palomas y los cisnes negros eran sus animales sagrados y su séquito las llamaba las Lasas.” (OldCivilization’sBlog, s.f.)

En la alquimia moderna, Venus se asoció con el número tres, representando los principios del tiempo, la variedad, el misterio, la intuición y la fecundidad.

Venus y Marte, Sandro Boticceli

Venus y Marte, Sandro Boticceli

c.       Marte.

El cuarto planeta del sistema solar, Marte es el primero de los exo planetas o planetas exteriores y lo reconocemos por su superficie roja. Marte da una vuelta alrededor del Sol en aproximadamente 687 días terrestres, la Tierra lo hace en 365 días, esto trae por consecuencia que ambos planetas se acerquen cada 25,6 meses. La órbita de Marte le permite realizar un acercamiento a la Tierra cada dos años aproximadamente, ocurriendo en magnitudes diferentes.

Es probable que su color fuera conocido por los más antiguos magos o paleonto – astrónomos de la antigüedad, quienes adjudicaron el color a la sangre, haciendo de Marte el Dios de la Guerra. Así por ejemplo, en la India Marte es conocido con el nombre de Mangala y representa al dios de la Guerra Karttikeya. Sin embargo el nombre más antiguo adjudicado al planeta rojo es “Simutu”, nombre sumerio que significa rojo y que data del 2.400 a.C. En Persia, el planeta fue conocido con el nombre de Bharam. (Bruhl, M.C., Bernabeu, I., 2013) En la Grecia clásica, el planeta toma el nombre de Ares y representa tanto la guerra como la crueldad, atributo este último que se le asigna como contrapartida de su hermanastra Atenea, diosa de la sabiduría, la civilización pero también de la guerra.

Es probable que la revolución del Planeta Marte en combinación con la de la Tierra y su acercamiento reglar cada dos años en direcciones aparentemente opuestas, llevara a los hombres de la antigüedad a pensar que la influencia de Marte implicaba siempre guerra, muerte y destrucción.

d.      Júpiter.

Es el quinto planeta de nuestro sistema y el mayor de todos ellos. SU composición mayoritariamente gaseosa no permite a los astrónomos saber la dimensión real de su masa sólida. Como otros de los planetas de nuestro sistema, Júpiter puede observarse a simple vista como una estrella redonda y pálida. Por su lejanía al Sol, su año equivale  11, 9 años terrestres; por la revolución de su órbita, Júpiter y el planeta Tierra se encuentran a la menor distancia cada 47 años. Tarda casi 10 horas terrestres en dar vuelta a su eje completo.

La primera referencia a la figura de Júpiter se haya en la cultura babilónica bajo el nombre de Neburu, representación del Dios Marduk, quien es el patrono de la ciudad y Padre de los Dioses. Marduk será más tarde llevado a Grecia bajo el nombre de Zeus quien se romaniza con el nombre de Júpiter. Júpiter representa entonces el poder de la paternidad, pero también el movimiento, la expansión y los viajes. Es probable que por su posición en los diversos panteones, Júpiter representara desde los inicios la prosperidad

e.      Saturno.

Es el planeta más lejano al nuestro y el último que puede ser reconocido a simple vista por su brillo. Para los egipcios, Saturno era conocido como “Horus, Toro del cielo” aunque más tarde será encontrada en otros papiros con el nombre de “estrella oriental”. Sus menciones más antiguas provienen de 4.500 años antes de Cristo, lo que hace suponer que era conocida mucho tiempo antes. Su representación corresponde a Horus, divinidad hieracocefala con cabeza de halcón representada casi siempre sobre una barca con una estrella sobre su cabeza. (Llul, 2006)

El nombre babilónico de Saturno era Ninib, otra denominación para Ninurta, antiguo Dios Sumerio. Tras ser desplazado por Marduk en el panteón, Ninurta quedó como el Dios de la agricultura, pero también de los límites. La relación obvia, es que este es el último planeta en ser identificado en el mundo antiguo. Es en un sentido muy literal, el límite del Sistema Solar. Cronos sería naturalmente su heredero en el panteón Griego. Saturno se entrelazó en Roma con su original Cronos, representando el paso del tiempo, la corrupción de lo que termina, poniendo énfasis nuevamente en la idea del límites.

La Castración de Urano por SAturno Vasari y Gherardi (1560)

La Castración de Urano por SAturno Vasari y Gherardi (1560)

A pesar de que los nombres que le damos a los planetas son de origen latino, ya hemos visto que ellos corresponden a una muy larga tradición religiosa y mítica cuyos orígenes se pierden en la historia. No ha habido un pueblo que no considerara que la forma, posición y movimiento de los planetas no estuviera asociado a una divinidad y a alguna característica humana. Por ello es que desde muy temprano, los antiguos astrólogos babilónicos aconsejaban a sus reyes en la batalla o en la toma de grandes decisiones, porque creían que la alineación de esos planetas y su conducta respecto de la Tierra era determinante en el logro de los objetivos. Esas influencias viajaron a Egipto hasta llegar a Grecia, donde la astrología constituyó la más elevada cosmovisión, sofisticada y poéticamente detallada que ha preservado e informado nuestro pensamiento. (Guttan, A. Johnson, K, 2004)

Aunque muchos de los rasgos mitológicos de la antigua astrología persisten en el mundo actual[iii], magos y sacerdotes se han retirado del cielo tras el avance de la ciencia cartesiana, que como ya hemos señalado tiene sus propios errores. No obstante y sin afán de volver al antiguo y maravilloso mundo del mito, es menester reconocer que en los primeros planetas que la humanidad vio antes del amanecer de la ciencia, se guarda no sólo la historia de una astronomía primitiva, sino además, una serie de arquetipos universales. Es probable que en esa concepción “jungiana” descanse una mejor comprensión de la labor de magos y sacerdotes del mundo antiguo.


[i] Para otra definición de astrología observar el Diccionario Esotérico de Carter Scott (Edimat Libros, 2000): “…concepto sagrado del estudio del cielo, pues otorga una relación inevitable entre la posición de los astros, y el nacimiento desarrollo y muerte de los seres humanos…La astrología está formada por los doce signos del zodíaco, los nueve planetas, las luminarias (el Sol y la Luna) y la docena de Casas.”
[ii] El concepto de hierogamia hace referencia a un matrimonio sagrado en el que la antropomorfización permite a los dioses la unión carnal. Probablemente el más conocido es el matrimonio de ISIS y OSRIS que luego se transfiere a Grecia en Zeus y Hera.
[iii] Para prueba basta la persistencia de los horóscopos en los periódicos y la amplia gama de sitios en internet que nos lo ofrecen como oráculos verdaderos del presente y el futuro.


Referencias

Bruhl, M.C., Bernabeu, I. (2013). El engaño de las estrellas. Barcelona: Lulu Editores.

Cochrane, E. (2000). Sumerian Cosmic Geography. Obtenido de maverickscience: http://www.maverickscience.com/

Corfield, R. (2009). La Vida de los Planetas. Barcelona: Paidós.

Guttan, A. Johnson, K. (2004). Astrología Mítica Aplicada. Kier: Buenos Aires.

Llul, J. (2006). La astronomía en el antiguo Egipto. Valencia: PUV.

Martínez, V. Miralles, J. Enríquez, D. (2007). Astronomía Fundamental. Valencia: Universidad de Valencia.

OldCivilization’sBlog. (s.f.). Obtenido de http://www.oldcivilizations.wordpress.com

Tester, J. (1990). Historia de la Astrología Occidental. Méico D.F.: Siglo XXI.

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