El ojo de Horus (Udjat)

El Ojo de Horus

El Ojo de Horus

Probablemente el más conocido de los talismanes egipcios es el Ojo de Horus, asociado a la tradición religiosa del antiguo Egipto y los dioses fundadores. “El ojo es uno de los signos simbólicos que se encuentran más frecuentemente repetidos sobre los monumentos egipcios. Parece evidente que lo que trataron de representar los egipcios por medio de estos ojos, fueron las divinidades solares y las luces de la inteligencia. El ojo derecho se refería al Sol y el izquierdo a la Luna…el principal sentido que se daba a este venerado emblema, parece haber sido el cumplimiento de los períodos astronómicos. El ojo se ve entonces figurado con un apéndice encima del globo y se denominaba outa en egipcio. Esta palabra indicaba el equilibrio y el curso de las fases de la Luna y el Sol. La suerte del hombre estaba asimilada a la de los astros.” (Frau Abrines, L)

En el panteón egipcio, poblado por más de quinientos dioses nacionales y locales, el ojo de Horus aparece en la lucha entre Horus, hijo de Osiris y Seth, autor de la muerte de su padre, Isis. Ra, el padre de todos los dioses de esta tierra, era representado por el Sol y su movimiento aparente en el cielo, marcó para los egipcios el paso del tiempo.

Ra
RA

Se representaba a menudo con la cabeza de un halcón para marcar precisamente la altura en el cielo y su movimiento. Ra era la representación “del emblema visible de Dios y se le consideraba como el Dios de esta tierra…Seb o Qeb, el cuarto miemro de la cohorte de los dioses de Annu, era el hijo de Shu, esposo de Nut, y padre de Osiris, Isis, Set y Neftis. Se le representa en orma humana a veces con una corona sobre su cabeza y un cetro en su mano derecha.” (Budge, W. 2004)

Como en una repetición eterna que nos sigue hasta nuestros días, la politeísta religión egipcia, nos advierte de la dualidad cósmica en la formación del universo. Seth, el Dios estable y benefactor, lucha para vengar la ignominiosa muerte de su padre Osiris a manos de su tío Set, el Dios que representa el caos y la maldad. La lucha entre tío y sobrino, es la representación de la estabilidad misma de la creación y no parece haber tenido necesariamente una connotación moral para los egipcios. “La lucha cósmica es eterna, nunca tiene vencedor ni vencido, porque esto hace que la dinámica del universo sea estable, inmutable. Pero comporta una serie de episodios míticos significativos que encontramos narrados en los textos de las pirámides del Reino Antiguo.” (Ardevol, E. 2014). Bajo la misma representación, Set es la infertilidad mientras que Osiris, al contrario, la fertilidad de los campos, la vida.

En el enfrentamiento, Horus arranca los testículos de Set y este arranca el ojo derecho ojo de horus imágen.pnga Horus, dejando al mundo en las tinieblas, caos propio del mundo en sus inicios que toda religión alude muy probablemente desde este momento histórico y en adelante. Tot, amigo de Horus, dios de la sabiduría, cede una de sus alas a este para que guíe a los dioses al lugar donde se encuentra Set y el ojo arrancado a fin de devolver la estabilidad de la luz a la creación y a fertilidad al mundo.

La religión egipcia impondrá más tarde a Horus, la tarea de entregarle el ojo recuperado a su padre Osiris, el dios muerto y en su imagen a todos los difuntos para que iluminen el camino de su resurrección. Udyat lo llama el papiro de los muertos para darle al ojo de Horus el carácter de una fuerza equilibradora del universo y de las fuerzas cósmicas que incluyen a la muerte.

Para los historiadores, la leyenda del ojo de Horus alude a una segunda dualidad y es la formación del Reino Unido de Egipto a manos del faraón Menes, quien funda su capital en Menfis cerca del año 3.300 a.C. La narración religiosa, haría representación mítica de la unidad del alto y bajo Egipto poblado por antiguos poblados neolíticos que controlaban el delta del río en el alto Egipto, y el valle en el Bajo Egipto. La imagen del papiro conocido como Sema-Taui en el que Set y Horus “mediante la fórmula del Sema-Taui, atan las dos plantas simbólicas del Alto y Bajo Egipto como Horus y Seth en otros grupos escultóricos del mismo rey. Este símbolo, tan frecuente en la iconografía, puede ser identificado como unidad para subrayar ese aspecto de orden y unión que el egipcio consideraba necesario para el buen transcurrir de los tiempos.” (Manuel,M 2012)

sematauy
Sema-tauy

Un último aspecto sobre el ojo de Horus en la cultura egipcia nos arroja sobre la representación que de las matemáticas y el mundo natural tenían los habitantes del Nilo. Desde luego es bien sabido que los egipcios no contaban con el concepto de una moneda de cambio universal lo que les deja al menos enfrentados a algunos problemas prácticos: en primer lugar una moneda de cambio con valor universal reemplaza al trueque y a las largas negociaciones particularmente en lo que toca a grandes cantidades; en segundo lugar, la existencia de una moneda de valor universal de cambio, supone la posibilidad de ahorrarse los problemas matemáticos de la fracción. Por ejemplo, si debo intercambiar diez hogazas de pan por vela, ¿cuántas partes de un pan equivalen a una vela entera?

En el libro Historia de las Matemáticas, se cita al RYHN PAPIRUS, en el que se explica cómo trabajaban los sacerdotes los problemas de fracciones matemáticas, tan útiles en los problemas de herencia, y se explica que al no haber en el Egipto antiguo un modo de representación exacta, las partes del todo terminaban divididas en más fracciones que lo habitual en el mundo moderno, pero tan exactas como lo serían hoy. El problema transcurre pues hacia la matemática de los volúmenes, donde las fracciones pueden ser tan útiles como en cuestiones de herencias. En el libro, su autor sugiere que en la representación de los volúmenes, el Ojo de Horus habría jugado un rol muy fundamental, pues “cada elemento del jeroglífico representaba una fracción desde ½ hasta 1/64 y cobinándolas se podía representar cualquier cantidad de las sesenta y cuatro partes” (Mankiewicz, R 2000)

ojo de horus proporciones

Hay entonces dos bellas conclusiones para los artesanos de la piedra, constructores de catedrales. O al menos dos son las que yo he podido concluir:

Primero, el ojo de Horus posee un profundo sentido mítico y “es un símbolo de inspiración (y) ha mantenido su significado tradicional de portador de fortuna, salud, energía y de amuleto contra toda forma de maldad…el Ojo de Horus, quiere que veamos más allá del presente inmediato y que usemos nuestra visión clarividente u ojo interior para encontrar inspiración. Como símbolo de verdad e integridad nos advierte de la duplicidad de los demás. También nos señala que si no nos valoramos nosotros, tampoco lo harán los demás.” (Eason, C. 2009) Parece en esta línea evidente que su significado nos es legado a los masones en el ojo dentro del triángulo que se ubica sobre el V.:M.: en nuestros templos. Es el mismo ojo del creador que todo lo ve y todo lo ilumina, al mismo tiempo que tu propio ojo abierto para observar la belleza que existe adentro y afuera al mismo tiempo;

Segundo, el Ojo de Horus nos advierte sobre la enajenación del saber. Cuando la violencia epistemológica de una matemática occidental es desbordada por la unidad del conocimiento egipcio que no diferencia sus conocimientos esotéricos del conocimiento matemático, nos señala que el conocimiento científico y racional puede ser aprendido y construido desde dentro y no desde fuera para unir lo que se dice de la realidad, con la realidad misma. Somos en esto herederos de una escuela que por siglos, y quizás por milenios, ha guardado ese secreto. Veamos ahora qué podemos hacer con él.

Santiago, diciembre 2015

Ardevol, Elisenda, Antropología de la Religión, Ed. UOC Barcelona, 2014
Bufge Wallis, El Libro Egipcio de los Muertos, el papiro de Anis E.A. Ed. Kier, 20014
Eason Casandra, Nuevos Misterios del Antiguo Egipto, Collins & Brown Limited Great Britain, 2009
Frau Abrines, Lorenzo. Diccionario Enciclopédico de la masonería, La Habana, Cuba
Miguel Manuel La Cosmogonía y la Enéada Heliopolitana (http://artehistoriaegipto.blogspot.cl/2012/05/eneada-heliopolitana.html) 2012
Mankiwicz, Richard, Historia de las Matemáticas, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2000
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