Las condenas de la Iglesia Católica a la Francmasonería

iglesia y masonería

Escépticos metafísicos, agnósticos religiosos, fervientes creyentes de las más diversas religiones, cristianas y no cristianas, adeptos, feligreses, pastores evangélicos y bautistas. Todos los hermanos que pertenecen a las Logias esparcidas por el mundo saben que las creencias metafísicas pertenecen  libertad de conciencia de cada uno de ellos. Y es que la Masonería, siendo como es la unión de hombres libres que trabajan por su perfeccionamiento, no podría menos que ser laica y respetuosa por naturaleza. Y sin embargo, probablemente producto de la ignorancia, hemos sido anatematizados sin piedad por la Iglesia Católica.

La acusación más reiterada es que la Masonería es una organización atea y que conspira contra la religión. Juan Pablo II publica en 25 de enero de 1983 la Constitución de Derecho Canónigo en cuyo canon N° 1374 se señala que Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho”. Ese mismo año, Joseph Ratzinger siendo aún Cardenal, interpreta el canon señalando que aun cuando la Masonería no está expresamente señalada, debe entenderse que es para incluir a otras organizaciones ademas de esta última.

Ciertamente la conducta de Ratzinger se apega a la historia legislativa de la Iglesia Católica, que es una de las únicas confesiones que aún anatematiza a la Orden. Cada Pontífice que ha escrito una nueva constitución, o que redacta una Carta Eclesiástica o renueva un voto conciliar en contra de la Orden, lo hace recordándole a los católicos, que existen ya antes de él, numerosas y estrictas observancias de excomunión a quienes profesando la fe católica, pertenezcan ademas a las filas de la masonería.

Existen más de 370 documentos, cartas, encíclicas, alocuciones radiales y epístolas papales condenando a la Orden. Muchas de ellas lo hacen acusándonos de subvertir el orden, cuando el orden era de reyezuelos tiránicos; otras nos acusan de querer subvertir a los hombres pobres en contra de sistemas que los oprimen; otras, nos halagan convirtiendo a la Orden en una especia de adalid liberal Otras, las más complejas diría yo, nos acusan de satanismo y conspirar en contra de la Iglesia Católica.

No siendo esta una columna de debate, no me interesa en lo más mínimo responder a las diatribas, pero sí que mis hermanos conozcan, los documentos más importantes que el Vaticano ha escrito para difamar a la Orden. He aquí una muestra:

Clemente XII, 24 de abril de 1738

In Eminenti 

“Hemos resuelto y decretado condenar y prohibir ciertas sociedades, asambleas, reuniones, convenciones, juntas o sesiones secretas, llamadas Francmasónicas o conocidas bajo alguna otra denominación. Las condenamos y las prohibimos por medio de esta Constitución, la cual será considerada válida para siempre. ‘Recomendamos a los fieles abstenerse de relacionarse con dichas sociedades… para evitar la excomunión, que será la sanción impuesta a todos aquellos que contravinieren ésta Nuestra orden”.

Benedicto XIV, 18 de mayo de 1751

Constitución Apostólica Providas

“…hemos decidido confirmar por la presente, la Constitución ya mencionada de Nuestro predecesor en su totalidad, de manera tal como si fuera publicada en Nuestro propio nombre, por la primera vez; Nosotros queremos y disponemos que ella tenga fuerza y eficacia para siempre…
Entre las causas más graves de la mencionada prohibición y condenación…, la primera es que en esta clase de sociedades, se reúnen hombres de todas las re1igiones y de toda clase de sectas, de lo que puede resultar evidentemente cualquier clase de males para la pureza de la religión católica. La segunda es el estrecho e impenetrable pacto secreto, en virtud del cual se oculta todo lo que se hace en estos conventículos, por lo cual podemos aplicar con razón la sentencia de Cecilio Natal, referida por Minucio Félix: “las cosas buenas aman siempre la publicidad; los crímenes se cubren con el secreto”. La tercera, es el juramento que ellos hacen de guardar inviolablemente este secreto como si pudiese serle permitido a cualquiera apoyarse sobre el pretexto de una promesa o de un juramento, para rehusarse a declarar si es interrogado por una autoridad legítima, sobre si lo que se hace en cualesquiera de esos conventículos, no es algo contra el Estado, y las leyes de la Religión o de los gobernantes. La cuarta, es que esas sociedades no son menos contrarias a las leyes civiles que a las normas canónicas, en razón de que todo colegio, toda sociedad reunidas sin permiso de la autoridad pública, están prohibidas por el derecho civil como se ve en el libro XLVII de las Pandectas, título 22, “De los Colegios y Corporaciones ilícitas”, y en la famosa carta de C. Plinius Cæcilius Secundus, que es la XCVII, Libro X, en donde él dice que, por su edicto, según las Ordenanzas del Emperador, está prohibido que puedan formarse y existir sociedades y reuniones sin la autoridad del príncipe. La quinta, que ya en muchos países las dichas sociedades y agregaciones han sido proscritas y desterradas por las leyes de los príncipes Seculares. Finalmente, que estas sociedades gozan de mal concepto entre las personas prudentes y honradas, y que el alistarse en ellas es ensuciarse con las manchas de la perversión y la malignidad. Por último, nuestro predecesor obliga, en la Constitución antes mencionada, a los Obispos, prelados superiores y a otros Ordinarios de los lugares a que no omitan invocar e1 auxilio del brazo secular si es preciso, para ponerla en ejecución.”

Pío VII, 13 de septiembre de 1821

Constitución Ecclesiam a Jesu Christo

“Hace ya mucho tiempo que la Iglesia, habiendo descubierto estas sectas, se levantó contra ellas con fuerza y coraje poniendo de manifiesto los tenebrosos designios que ellas formaban contra la religión y contra la sociedad civil. Hace ya tiempo que Ella llama la atención general sobre este punto… a fin de que las sectas no puedan intentar la ejecución de sus culpables proyectos. Pero es necesario lamentarse de que el celo de la Santa Sede no ha obtenido los efectos que Ella esperaba, y de que estos hombres perversos no han desistido de su empresa, de la que ha resultado todos los males que hemos visto. Aún más, estos hombres se han atrevido a formar nuevas sociedades secretas. Esta Constitución eclesiástica condena explícitamente a la orden de los Carbonari.”

León XII, 13 de marzo de 1825

Constitución, Quo Gravora

“Poneos en guardia contra las seducciones y los discursos lisonjeros que se emplean para haceros entrar en estas sociedades. Convenceos que nadie puede enrolarse en ellas sin cometer un pecado gravísimo”….”Aunque no hay costumbre de exhibir lo que existe mas digno de censura a la vista de los que no han llegado a los grados eminentes, está, sin embargo, manifiesto que la fuerza de estas sociedades, tan peligrosas para la Religión, se aumenta con el número de los que ingresan”                   “De ahí los atroces males que carcomen a la Iglesia y que no podemos recordar sin dolor y lágrimas. Se ha perdido toda vergüenza; se ataca a los dogmas y preceptos más santos; se le quita su dignidad, y se perturba y destruye la poca calma y tranquilidad de que tendría la Iglesia tanto derecho a gozar.”                                                                 “En consecuencia, oído el dictamen de Nuestros venerables hermanos los cardenales de la Santa Iglesia romana, y también de nuestro movimiento y después de una madura deliberación, por las presentes condenamos todas las sociedades secretas, tanto las que ahora existen como las que se formaren en adelante y se propusieren los crímenes que hemos señalado contra la Iglesia y las supremas autoridades temporales, sea cualquiera el nombre que tuviesen, y las prohibimos para siempre y bajo las penas infligidas en las Bulas de nuestros predecesores agregadas a la presente y que nosotros confirmamos.”

Pío VIII, 24 de mayo de 1829

Carta Encíclica Traditi Humiliati 

“Secta satánica que tiene por única ley la mentira, por su dios al demonio, y por culto y religión lo que hay de más vergonzoso y depravado sobre la faz de la tierra”

Gregorio XVI, 15 de agosto de 1832

Carta Encíclica, Mirari Vos

“Todo lo que ha habido en las sectas y herejías más criminales de sacrílego, vergonzoso y blasfemo, ha pasado a las sectas secretas y por ende, a la francmasonería”.

Pío IX,

Carta Encíclica Qui Pluribus, 9 de noviembre de 1846

 “…hombres unidos en perversa sociedad e imbuidos de malsana doctrina, cerrando sus oídos a la verdad, han desencadenado una guerra cruel y temible contra todo lo católico, han esparcido y diseminado entre el pueblo toda clase de errores, brotados de la falsía y de las tinieblas. Nos horroriza y nos duele en el alma considerar los monstruosos errores y los artificios varios que inventan para dañar; la insidias y maquinaciones con que es tos enemigos de la luz, estos artífices astutos de la mentira se empeñan en apagar toda piedad, justicia y honestidad; en corromper las costumbres; en conculcar los derechos divinos y humanos, en perturbar la Religión católica y la sociedad civil, hasta, si pudieran arrancarlos de raíz.”

Carta Encíclica Quibus Quantique, 20 de abril de 1849

“…que los enemigos, para lograr corromper más fácilmente la pura e inalterable doctrina de la Religión católica, para engañar mejor a los demás y atraerlos a la trampa del error, no escatiman ninguna maniobra y ninguna astucia para que la misma Sede Apostólica parezca del algún modo cómplice y protectora de su demencia. Nadie desconoce cuántas Sociedades Secretas, cuántas Sectas crearon, establecieron y designaron bajo diversos nombres y en distintas épocas, estos propagadores de dogmas perversos, deseando así insinuar con más eficacia en las inteligencias, sus extravagancias, sus sistemas y el furor de sus pensamientos, corromper los corazones sin defensa, y abrir a todos “…los crímenes el camino ancho de la inmunidad. Estas Sectas abominables de perdición, tan fatales para la salvación de las almas como para el bien y la tranquilidad de la sociedad temporal, fueron condenadas por los Pontífices Romanos Nuestros antecesores.”

Alocución Multiplices Inter, 25 de septiembre de 1865

“Esa sociedad perversa de hombres, llamada vulgarmente masónica, y la cual, escondida al principio en el misterio de las tinieblas se ha manifestado después públicamente para ruina a un tiempo de la Religión y de la humana sociedad. Apenas descubiertos por los Pontífices romanos, Nuestros predecesores la insidia y los fraudes de la dicha sociedad, acordándose de su oficio de pastores, juzgaron, que no debían demorar el cohibir con su autoridad, y el herir y, destruir con la espada de su condenación esa secta, que no deseaba sino maldades, y que maquinaba muchos y nefastos atentados contra el orden sagrado y público.” 

Carta Encíclica Humanum Genus, 20 de abril de 1884

“Bastante claro aparece qué sean y por dónde va la secta de los masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la Religión y la Iglesia fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de 18 siglos las costumbres y doctrinas gentílicas, es necedad insigne y audacísima impiedad”                                                                                   “…la masonería, sociedad extensamente dilatada y firmemente constituida por todas partes. No disimulan ya sus propósitos. Se levantan con suma audacia contra la majestad de Dios. Maquinan abiertamente la ruina de la santa Iglesia con el propósito de despojar enteramente, si pudiesen, a los pueblos cristianos de los beneficios que les ganó Jesucristo nuestro Salvador”

Carta Encílica Inimica Vos, 8 de diciembre de 1892

“Por otro proceder no menos insidioso, los sectarios masones procuran por medio de promesas, seducir al clero inferior. ¿Cuál es su fin? Es muy fácil descubrirlo, sobre todo visto que los inventores de aquella trampa no se esfuerzan suficientemente en esconder su intención: quieren sobornar poco a poco a su causa a los ministros segundos, y, luego, una vez enlazados aquellos en las ideas nuevas, hacer de ellos unos rebeldes contra la autoridad legítima de la cual dependen. “

Encíclica Praeclara Grtaulationis, 18 de marzo de 1902

“Otro peligro grave para la Unidad, es la Masonería, potencia temible que oprime desde hace ya tiempo a las naciones, y sobre todo a las naciones católicas. Orgullosa hasta la insolencia por su fuerza, sus recursos y sus éxitos, pone por obra todo lo que es menester, favoreciendo las turbulencias que agitan nuestra época para consolidar y extender por todas partes su dominación. Desde las ocultas tinieblas en que conspiraba, irrumpe hoy en los Estados, mostrándose a la luz del día; y, como lanzando un desafío a Dios, ha establecido su sede en la misma urbe, capital del mundo católico. Pero la mayor desgracia de todas es que, dondequiera que la masonería pone su pie, se infiltra en todas las clases sociales y penetra en todas las instituciones del Estado para llegar, si fuera posible, a constituirse árbitro soberano de todas las cosas. La mayor desgracia, decimos, porque tanto la perversidad de sus principios como la iniquidad de sus propósitos son cosas evidentes. Con el pretexto de reivindicar los derechos del hombre y reformar los sacramentos, todas las realidades augustas, como simples supersticiones; se esfuerza por descristianizar el matrimonio, la familia, la educación de la juventud, todo el conjunto de la vida pública y de la privada, así como también por hacer desaparecer en el alma del pueblo todo respeto a la autoridad divina y a la autoridad humana. El culto que la masonería prescribe es el culto de la naturaleza humana; y son también los principios de la naturaleza humana los que propone como única medida y única norma de la verdad, la bondad y la justicia. De esta manera, como es evidente, se incita al hombre a tener una moral y una conducta casi paganas, si no es que el crecimiento y el refinamiento de las seducciones lo hacen descender más abajo todavía.”

Pío X, 11 de febrero de 1906

Cartas Encíclicas Vehementer Nos

“Aunque en esta materia Nos hemos hecho ya en otras ocasiones advertencias muy serias, nuestra vigilancia apostólica nos obliga a insistir en este punto y a decir y repetir una y otra vez que, frente a un peligro tan acuciante, toda medida defensiva será siempre insuficiente. ¡Ojalá la clemencia divina burle los propósitos de la masonería! Pero es necesario que el pueblo Cristiano comprenda que hay que sacudir de una vez para siempre el yugo infamante de la masonería, y que deben poner una mayor energía en esta labor todos aquellos que son más duramente oprimidos por este yugo. Nos ya hemos dicho cuáles son las armas que hay que emplear y cuál es la táctica que hay que seguir en este combate; la victoria no es dudosa con un jefe como Aquel que pudo decir un día: Yo he vencido al mundo (Jn. 16,23).”

Benedicto XV, 1917

Código de Derecho Canónico

“Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas, incurren ‘ipso facto’ en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica.” (Derecho canónico de 1917, canon 2.335).”& 1. A los clérigos que han cometido el delito de que se trata en los cánones 2334 y 2335, debe castigárseles, además de con las penas establecidas en los citados cánones, con la suspensión o privación del mismo beneficio, oficio, dignidad, pensión o cargo que puedan tener ven la Iglesia.   & 2. Los clérigos y los religiosos que den su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones semejantes, deben además ser denunciados a la Sagrada Congregación del Santo Oficio” (Derecho canónico de 1917, canon 2336).

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