La música en el Templo y la labor de la Columna de Armonía

Cualquier sonido es una vibración transversal que da lugar a ondas sonoras. Nuestro oído actúa como un receptor que recoge esas ondas golpeando nuestros tímpanos y cambiando al mismo tiempo su presión interna. El movimiento ondulatorio de la membrana es recogido por el nervio auditivo que los transfiere al cerebro. Es este último órgano -al igual que con la vista- el que recoge la información y la interpreta, reaccionando frente al estímulo.

La música es una de esas alteraciones en el espacio que nuestros oídos recogen. De acuerdo a la Enciclopedia Británica, la música es “un sonido vocal o instrumental o su combinación que se expresa para la belleza de la forma o la expresión emocional, usualmente de acuerdo a estándares culturales de ritmo y melodía…” (Britannica 2016)

El sonido puede ser entonces involuntario y no tener un fin, el sonido involuntario no busca producir ningún efecto en quien, también por azar, lo recibe. La música en cambio tiene un fin estético, pues busca en primer lugar transmitir un goce a quien la escucha. Tal goce puede ser voluntariamente buscado o no, pero es evidente que la música puede producirlo.

Pero la música puede también producir otros efectos sobre las personas “La música tranquiliza a las bestias”, lo habremos escuchado todos alguna vez. Y es que en tanto vibración del medio físico en el que habitamos, sus ondas producen evidentemente un cambio en el estado natural en el que nos encontraríamos previo a su escucha. No es extraño entonces que la música actúe también sobre nuestra psiquis, calmando el ánimo, por ejemplo.

tibet

Por eso es que, si usted escucha, por ejemplo, música de los monjes tibetanos especialmente pensada y producida para acompañar los rezos, caer en un estado somnoliento, o incluso colaborar en su ejercicio de meditación, es perfectamente comprensible. Esa es exactamente el objetivo de tal música. La repetición de un mantra en un muy bajo tono de voz acompañado del sonido profundo de un dungchen, tubo cónico de cobre ensamblado telescópicamente, y el repiquetear monocorde de un tambor de cuero logra de seguro un nivel vibratorio del aire, que le permite al cerebro una conexión más profunda que otros sonidos organizados.

Esa es la razón por la que la Música estuvo entre las llamadas “siete artes liberales” -además de la Gramática, Lógica, Retórica, Aritmética, Lógica y Astronomía- entre los iniciados del Primer Grado. La conexión con el mito de Orfeo, representación griega de Hermes o Toth, es evidente: un dios sabio y generoso que predicó la doctrina de la Luz oculta con canciones e instrumentos entre sus discípulos. El cantó, y maravillosa fue su música, los ángeles se acercaban a oír las sutiles tonadas; por medio del sonido El obró sobre el cuerpo astral y mental de Sus discípulos, purificándolos y engrandeciéndolos; con el sonido desligó de lo físico a los cuerpos sutiles, dejándolos libres en los mundos superiores. Su música era completamente diferente de la de secuencias; se repetía una y otra vez, por lo cual siempre se conseguía el mismo resultado en el grupo étnico raíz de la raza, resultado que fue llevado por este grupo a la India. Aquí Él trabajó por medio de la melodía, no por la repetición de sonidos similares; y el despertar de cada centro etéreo tenía su propia melodía, excitándolo a la actividad. El mostró a Sus discípulos imágenes vivientes, creadas por medio de la música, y en los Misterios Griegos esto era forjado del mismo modo, la tradición descendiendo de Él. Y enseñó que el Sonido era inmanente en todas las cosas, y que, si un hombre estaba en armonía con sí mismo, entonces la Divina Armonía se manifestaría a través de él, comunicando regocijo a toda la Naturaleza.” (Leadbeater)

En la masonería la música tiene además de las características que ya hemos señalado una particularidad que no siempre se encuentra en la música profana. La música debe ser armoniosa. Técnicamente eso significa de odo sencillo que debe haber “música dentro de la música”, es decir que más de un acorde musical debe oírse dentro de la composición al mismo tiempo. Pero además debe estar dotada de equilibrio, proporcionalidad y una correspondencia adecuada entre sus partes, para representar la perfección de la obra.

La orden busca la música armoniosa para que los trabajos del Taller en Tenida sean perfectos, emulando mágicamente a nuestros hermanos operativos, quienes utilizaban la proporción áurea en muchas de sus obras, a la que llamaban también, “proporción musical” (Jacq, C 2001) lo que nos recuerda que la música armoniosa es hermana de los números y de la matemática (Trejos F 1984)

Por estas razones es que la Columna de Armonía ocupa un lugar tan relevante en nuestros Templos y en el desarrollo de nuestros trabajos. Porque el Hermano a cargo de este trabajo, no está invadiendo la atmósfera del Templo con música incidental, o con simple música clásica. La Columna de Armonía debe en primer lugar proporcionar el sonido armónico que construirá el Templo simbólico, siguiendo las antiguas tradiciones de nuestros hermanos operativos. La Columna de Armonía da con su música continuidad, pausas, y construye el “timing” de nuestros trabajos, razón por la que es este y no otro Hermano el que debe estar más atento a la evolución de los trabajos.

Finalmente, la Columna de Armonía es a responsable de permitir o irrumpir nuestros esfuerzos por admirar la obra completa de nuestros trabajos saliendo de sí mismos para sumarnos como una sola unidad a los hermanos. La columna de armonía irrumpe en la atmósfera del Templo provocando con la música adecuada el repiquetear de nuestros tímpanos que llevarán a nuestros cerebros a conectarnos con la conciencia colectiva que forman las columnas del norte y el sur junto al oriente.

Un maestro de columna de armonía es la llave de esas conexiones y sentimientos. Y por eso se agradece en los trabajos de un Templo y su atmósfera emocional y metafísica cuando hay un hermano con experiencia en esa columna.

 

Britannica, Encyclopaedia 2016 www.britannica.com

Jacq, C. 2001 El Iniciado Planeta Agostini

Leadbeater, W. Escuelas secretas de la Masonería

Trejos, F. 1984 Cosmología Masónica: Símbolo, Rito e Iniciación Ed. Kier

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