Palanca, voluntad y principios.

palanca

 Palanca como instrumento de Fuerza

¿Qué hace un hombre libre sino aquello que debe hacer según el mandato de sus valores? ¿Cómo emprende el hombre libre su tarea de construir catedrales a sus virtudes y tumbas a sus vicios sino es armado de una férrea voluntad? A veces, esas decisiones no son simples y por cierto muchas veces no son felices. En esas ocasiones, el hombre libre requiere mucho más que su voluntad, requiere apelar a los rectos principios que ordenan su vida.

Eso hace que los francmasones puedan tomar decisiones que requieren mucha fuerza de voluntad, mucha decisión, pero sobre todo apego a nuestros valores morales. Y para ello, es que, en nuestros aumentos de salario al grado de compañeros, se nos entregan dos herramientas fundamentales para la vida masónica.

Es el momento justo en que deben entregarse, y no antes, porque la independencia y autonomía del compañero requiere precisamente una exaltación de la fuerza de voluntad, pero acompañada de la regla que representa la rectitud de los valores a los que apegamos esa voluntad.

La palanca, “puede considerarse como símbolo de toda la Inteligencia humana en su conjunto, que tiene su fulcro, o punto de apoyo natural, en el cuerpo físico, sobre el cual actúa, en la medida eficiente de su desarrollo, para producir todas las acciones, siendo la Voluntad la Fuerza o potencia que sobre ella se aplica, y que la misma Inteligencia hace efectiva.” (Lavagnini, A)

Símbolo de la fuerza inteligente y práctica, la palanca es capaz de mover los cuerpos más pesados apoyada sobre su fulcro -punto de apoyo- sin que el sujeto que la maniobra deba hacer más esfuerzos que los que el movimiento del aparato mismo le exige. La desproporcionalidad de la fuerza que requiere su puesta en movimiento versus el peso y la masa que puede mover, hace pensar en la fuerza aplicada con inteligencia, puede mover montañas y que la voluntad sólo puede hacer bien las cosas cuando se regla por el principio del beneficio común.

Una segunda lectura simbólica, permite “ver en la palanca un símbolo bastante apropiado y expresivo de la Fe, la facultad que aplica, apoyándose en el fulcro de la conciencia individual, el Potencial Divino -y por ende infinito- del Ser hasta levantar y mover las alegóricas montañas de las dificultades.” (Lavagnini, A) Francmasones de todos los tiempos han debido precisamente, triunfar sobre persecuciones, malos entendidos e incluso traiciones para heredarnos el hermoso Arte Real. Fue sin duda, la Fe en los principios, en la Libertad y en la Fraternidad la que los ayudó a realizar la construcción de nuestra herencia. En el plano personal, todos cual más cuál menos, habremos de haber superado en más de una ocasión un traspié, o una enfermedad, armados sólo de la Fe y la inquebrantable pero recta voluntad de superarlos.

La Palanca, es de esos símbolos, además, que no se entregan solos sino en par con la Regla, conservando “la regla en su mano izquierda y una palanca que apoya con la mano derecha sobre el hombro del mismo lado.” (Adoum, J) Una pareja de instrumentos a la que el Compañero deberá recurrir en su soledad, (Wirth, O) pues los viajes que exponen al Hermano al conocimiento de nuevas cosas, supone que la fuerza para emprender el viaje, será velada por la Regla que le permitirá no encandilarse con las falsas promesas ni los falsos maestros; el par de herramientas, le dirán dónde aplicar su voluntad y cuáles son los principios que regirán su aplicación.

Finalmente, dos palabras que compartís hace no mucho con un Hermano sobre el fulcro: ¿qué está inmóvil, no cambia, está fijado a tu conciencia y actúa como un punto de apoyo para medir, para juzgar, para tomar decisiones y para actuar en regla con tu condición de masón? ¿qué hace de la fuerza un instrumento útil, transformándola de fuerza bruta a una fuerza benévola?

Nuestro fulcro, son los principios que aprendemos en la orden, los conocimientos que hacemos nuestros en el templo, aquello que nos ayuda a cuadrar nuestra piedra bruta. SI, como ocurre en la vida diaria profana, nuestros pasos y decisiones siguieran caminos caprichosos, si cambiáramos una y otra vez de opinión por conveniencia, ¿tendríamos un fulcro?, ¿la fuerza sería benévola o se convertiría en brutalidad.? ¿La oportunidad seguiría siendo un momento para expresar nuestros principios, o la transformaríamos en oportunismo adecuando nuestros principios a quien la escucha?

Bibliografía

Adoum, Jorge. El Compañero y sus Misterios (Kier S.A)

Lavagnini, Aldo. Manual del Compañero Masón (Magister)

Wirth, Oswald. EL Manual del Compañero R:.L:.S:. Cibeles 131

 

 

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