La Esfinge

esfinge

La Esfinge, representada de las más diversas formas en Mesopotamia, Egipto y Grecia, es la representación simbólica de los trabajos masónicos que deben ser secretos y ocultos[1], hija de Equidna y Tifón su imagen de ser animal con cabeza humana, su existencia se encuentra unida la ciudad de Tebas y a su verdugo, Edipo, quien desposará a Yocasta a cambio de poner fin a las amenazas y muerte a manos de la Esfingie, a todos los viajeros que iban camino de Tebas.[2]

La Esfinge fue un antiquísimo símbolo de la soberanía, entre los egipcios representó por lo general al faraón, otras veces al dios sol, vistos en ambos casos como potencias protectoras y además invencibles. Entre los fenicios, los hititas y los asirios, tomó figura de león alado con cabeza humana. Entre os griegos sí tuvo representación femenina, ostentaba alas y era un ser enigmático, a veces cruel.[3]

Enigma por excelencia, la esfinge contiene en su significado un último reducto inexpugnable, esconde el mito de la multiplicidad y de la fragmentación enigmática del cosmos. En la tradición esotérica, la esfinge de Gizeh sintetiza toda la ciencia del pasado. Contempla el sol naciente y parece referirse al cielo y la tierra. Su condición tetramorfa (con garra de león, alas de águila, cuerpo de toro y rostro humano), unificada por la cabeza humana, simboliza la quintaescencia o espíritu humano.[4]  La alegoría que recogemos desde la masonería especulativa, aparentemente desde las tempranas iniciaciones del antiguo Egipto, sugiere la divisa de “saber con inteligencia (Ser humano), querer con ardor (León), osar con audacia (Águila) y callar con fuerza (Toro)[5]

Cada figura del tetramorfo, representa simbólicamente un atributo que se une en una única representación simbólica del secreto. De este modo, el toro representa la fuerza corporal; las alas del águila la fuerza vital; el león, la audacia y vitalidad; y la cabeza humana el espíritu inmaterial, el temperamento y la templanza que integran mistéricamente a todos los atributos. En una interpretación naturalista, el águila representa el aire, la inteligencia y el espíritu; el león, el fuego y la fuerza del movimiento; el toro, la tierra, la resistencia y el trabajo; y el hombre, el agua, el conocimiento.

El número cuatro, representado en la forma tetramorfa, representan también las coordenadas elementales del Templo masónico: “el centro del cielo, el ocaso, el bajo del cielo y el oriente, que forman una especie de cruz cuya cima es el cenit, el pie el nadir y los dos brazos oriente y occidente.

Tal y como hemos señalado antes en relación a los símbolos de alta complejidad, sus partes no son divisibles, pues es en el todo que el símbolo cobra sentido. La significación compleja de la esfinge se da en la asociación dialéctica entre sus partes. Ello es lo que permite integrar el sentido del todo, al mismo tiempo que el de la disgregación; la multiplicidad de los estados de la materia, y la totalidad integrada de la misma. Al igual que la francmasonería, somos uno en una cadena, desintegramos a través de los símbolos para construir una única verdad metafísica, nos ponemos en frente a los contrarios, para entender la unidad del todo (como en el pavimento mosaico), sabemos finalmente que aunque hay un arriba y un abajo, así como es allí es acá.

La esfinge, detiene el camino del profano rumbo al secreto haciéndole preguntas cuyo secreto desconoce[6] razón por la cual es devorado simbólicamente por su propia ignorancia, del mismo modo que la comisión de exaltación de maestros hará a quien aspira un aumento de salario en su Logia. La esfinge excita la curiosidad y expone a un peligro al osado caminante que intenta descifrar los misterios que no ha sido bendecido por los dioses de la teogonía griega con la sabiduría. Del mismo modo, a quien busca sin la iniciación debida, no podrá encontrar nada que el oráculo no pueda responder, esto es a su simple pregunta, sin dar a conocer el verdadero secreto.[7] Esa es la razón por la cual no es claro si sus labios están abiertos o cerrados; más bien  puede decirse que están abiertos y cerrados al mismo tiempo, detrás de la sonrisa que los anima. De modo que la esfinge habla para quien tiene oídos para oír.[8]

Lo mismo se dirá pues de los Símbolos masónicos. Ellos están allí para ser descubiertos sólo para los iniciados, y de entre ellos, para quienes estén disponibles para oír aquello que quieran oír.

Esa es la razón por la que Edipo, aún cuando ha vencido a la esfinge respondiendo a la pregunta sobre el animal que camina en cuatro patas al amanecer a mediodía sobre dos pies y en la noche con tres, no logra escapar de su terrible destino. La Hybris de la pasión lo posee por completo, la desmesura de quien no conoce el valor de la templanza, será castigada ni más ni menos que por Apolo.

El francmasón que trabaja con ahínco en la interpretación de los símbolos de su grado, es capaz de penetrar en el secreto con mesura y con inteligencia, sin dejarse vencer por la sazón, el cansancio o la desmesura.

[1] Lorenzo Frau, Diccionario Enciclopédico de la Masonería

[2] Constantino Falcon y otros, Diccionario de la Mitología clásica

[3] Udo Becker Enciclopedia de los Símbolos Ed. Robin Book

[4] Juan Eduardo Cirlot Diccionario de Símbolos Ed. Siruela

[5] Jules Boucher El Simbolismo masónico Ed. Dervy Livres

[6] A.C. Pardes, Catecismo masónico

[7] André Cassard Manual de la masonería

[8] Aldo Lavagnini Manual del Aprendiz

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