Mercurio Hermético

Mercurio Alquímico

Mercurio es el primer planeta del sistema solar y es observable, con ciertas dificultades por su proximidad al sol a simple vista, razón por la cual fue conocido desde la antigüedad.[1]  La lectura hermética fue construida por los alquimistas, pero su nombre religioso proviene de la divinidad romana del comercio, posteriormente asimilada al Hermes de los griegos, mensajero de los dioses cuyo símbolo es el caduceo que carga en su mano derecha.[2]

En su primigenia correspondencia divina, Mercurio es hijo del cielo y de la Luz, cuando se le asimila en la Roma más madura, históricamente hablando, con Hermes, se transforma en un mediador entre el cielo y la tierra y en tanto tal, se le confiere la misión de conducir a las almas de los muertos. De aquí que posteriores interpretaciones gnósticas lo reconocen como el logos spermatikos, esto es el emblema del verbo. El poder de la palabra.[3]

En la mitología Romana, es Mercurio mensajero, quien avisa a Eneas héroe de la guerra de Troya que su destino es fundar la estirpe romana[4]. De aquí la importancia y constante asociación de Roma con Mercurio.

Astrológicamente, el planeta es representado como la energía intelectual, pero también como representación de los nervios del cuerpo, que son la representación de los caminos que el cerebro ocupa para la transmisión de sus órdenes al resto del cuerpo musculado. Mercurio viene inmediatamente después de los dos luminares, el Sol, astro de vida y a Luna Madre Universal. Mercurio se presenta además como el hijo mediador y sus dos domicilios, es decir los signos del zodíaco cuya naturaleza se armoniza con la de este planeta son Virgo, que sigue al signo solar de Leo y Géminis, que precede al signo lunar de Cáncer.[5]

El signo de su caduceoe s también de naturaleza dual, en la que confrontan los principios complementarios: tiniebla-luz, arriba-abajo, izquierda-derecha, femenino masculino, etcétera.

En su esencia, el planeta posee herméticamente hablando, una condición doble: un ser interior diabólico; de otro lado, la encarnación de la filosofía. Esta condición hermafrodita le otorga la imagen de poder transmutador para los alquimistas.

Si comienzas a operar en el lugar donde la naturaleza misma dejó imperfecto del mismo Mercurio encuentra en él su perfección, y te alegrarás.

Mercurio Alquímico

El universo alquimista de la edad media europea occidental, utilizó el símbolo dual del Mercurio para revelar la persecución de un saber simbólico unificado, aunque polisémico, discreto y hermético. La concepción alquímica del mundo se configuró a partir del intento por combinar armoniosamente lo sensible y lo espiritual dos polos activos entre los que existía y se movía todo lo existente.[6]

Dentro de lo que algunos autores han llamado la Alquimia Mística, las operaciones del fuego, el azufre, el mercurio ente otros, no se aplica a la materia sino a operaciones espirituales para observar la evolución espiritual del alquimista. Y lo que encuentra quien busca sabiamente, no es sino el sentido místico de la purificación por el método de la transmutación.[7]

Si pudieras volver a tu entierro iniciático y volvieras a ver conmigo los elementos que allí estuvieron, encontrarías el grano de trigo que debe ser sepultado y muerto para renacer como espiga de trigo; la sal que representa lo físico, lo material, el azufre, que representa el fuego y la actividad masculina y por último el mercurio, representación femenina del espíritu y el carácter andrógino de la unidad.

Igual que en el atanor alquímico, has muerto para renacer y encarnar el esfuerzo por otorgar unidad a las dualidades que conforman el mundo, construir en suma tumbas a tus pecados y catedrales a tus virtudes.


[1] Existe registro de la observación de Mercurio, así como de Venus y Marte, en el mundo Sumerio. Para sus astrónomos, el mundo era representado por una montaña que surgía escalonadamente de un Océano infinito, montaña que estaba marcada en sus niveles por las orbitas de estos planetas.

[2] Udo Becker, Enciclopedia de los Símbolos Ed. Robin Book

[3] Juan Eduardo Sirlot, Diccionario de Símbolos, Ed. Siruela

[4] Arthur Cotterrel compilador, Enciclopedia de la Mitología Universal, Ed Parragon

[5] Jean Chevalier, Diccionario de los Símbolos

[6] Andrea Aromático, Alquimia el secreto entre la ciencia y la filosofía Ed. Claves

[7] Robert Amadou, EL ocultismo, Ed. Pentaclo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s